sábado, 1 de octubre de 2011

El enemigo del pueblo


En 1945 crecía la oposición al régimen de facto impuesto en junio de 1943 por los artífices del derrocamiento del presidente conservador Ramón Castillo. La clase baja asalariada respondía a su principal benefactor, coronel Juan Domingo Perón, titular de los cargos de vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión de la Nación. Las clases media y alta no simpatizaban con Perón, pero tampoco con el gobierno de facto, exigiendo, en consecuencia, el traspaso del poder a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Esta última podía asumir constitucionalmente el gobierno de la República a raíz de la acefalía producida en el Poder Ejecutivo federal por la defenestración de Castillo y el silenciamiento impuesto por los golpistas al Congreso Nacional. Las clases media y alta se pronunciaron masivamente contra la dictadura los días 19 de septiembre y 12 de octubre de 1945, a través de los multitudinarios actos políticos posteriormente ingresados en los anales históricos como la "Marcha de la Constitución y de la Libertad" y el "picnic de Plaza San Martín". La renuncia cuasi-unánime del gabinete ministerial impulsó al presidente dictatorial Edelmiro Farrell a solicitar la formación de un gobierno a Juan Álvarez, procurador general de la Corte Suprema de la Nación, y satisfacer las severas demandas de los militares antiperonistas encabezados por el general Eduardo Ávalos. Estos últimos lograron que Perón renunciase a todos sus cargos gubernativos y fuese confinado en la Isla Martín García y, a continuación, en el Hospital Militar de la capital argentina. El 17 de octubre de 1945, la clase baja asalariada ganó las calles porteñas y copó la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Perón y repudiar la decisión dictatorial de transferir el gobierno a la Corte, en la cual veían una continuidad encubierta del golpismo y del fraude "patriótico" conservador de la Década Infame. Impulsado por el giro situacional favorable a Perón, Farrell rechazó la terna ministerial propuesta por Álvarez, designó un gabinete peronista, ascendió a Perón a general de brigada y convocó a las elecciones generales del 24 de febrero de 1946, los primeros comicios limpios celebrados desde la segunda elección presidencial de Hipólito Yrigoyen en 1928. El 4 de junio de 1946, Perón, convertido en mandatario constitucional, asumía su primera presidencia.


Ramón Castillo
Columna golpista (1943)

Edelmiro Farrell y Juan Domingo Perón


Eduardo Ávalos
















19 de septiembre de 1945. Marcha de la Constitución y la Libertad.


Juan Álvarez


Busto y casa-prisión de Perón en Martín García 












La Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945













4 de junio de 1946. Perón asume su primera presidencia

Los elementos antidictatoriales de 1945 tenían sus lemas. Tendientes, no sin alguna razón, a ver un enemigo en la clase ilustrada, los asalariados peronistas de clase baja subrayaban sintéticamente la presunta superioridad de su cultura en el harto discutible  lema ¡Libros, no! ¡Alpargatas, sí!. El 12 de octubre de 1945, los elementos antiperonistas y antidictatoriales de clase media y alta invadieron la Plaza San Martín y lincharon al  elemento castrense que intentó descolgar el provocativo cartel de "Se alquila" impuesto por un manifestante al edificio del Círculo Militar, acciones rubricadas por el lema antidictatorial ¡Botas, no! ¡Votos, sí!.
Hasta hace poco trabajé como docente secundario en una escuela secundaria del gobierno bonaerense en Wilde. Hará cosa de cuatro meses llego a la escuela y encuentro padres quejándose porque a sus hijos les habían puesto ausente por faltar un día de lluvia (en mi escuela eso no se consideraba impedimento para poner ausente). Los padres decían: "el remise es muy caro", "el paso nivel se inunda". ¡La puta madre que los parió! Entre 1973 y 2001 viví en La Boca, que hasta 1998 se inundó por carecer de defensas adecuadas contra las inundaciones. ¡Me ponía las botas de goma e iba a la escuela, viejo! Los padres de mi escuela de Wilde, supuestamente pobres, mandaban a los pibes a la escuela con celulares con pantalla dactilar que no debían bajar de 500 pesos. ¿Por qué no les compraban un par de botas de goma, que salen mucho menos y son más necesarias? Podemos telefonear desde un locutorio, pero no andar descalzos. Sepamos priorizar.
Semejante situación, digna de un sainete de Alberto Vaccarezza, impele a fusionar los lemas peronistas y antiperonistas de 1945 en el aggiornado slogan ¡Libros sí! ¡Botas de goma también! ¿IPhone para qué?










Alberto Vaccarezza





Pero mucho me temo que impulsar semejante filosofía existencial entre mis alumnos de Wilde y sus padres me sometería a las mismas penurias abatidas sobre el muy principista doctor Thomas Stockmann, personaje principal de la profética obra teatral Un enemigo del pueblo, compuesta por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen en 1882, cuando nadie parecía capaz de acuñar el término ecología. Stockmann detecta la presencia de una bacteria contaminante en las aguas balnearias de su ciudad de residencia, principal atracción turística y actividad económica locales. Stockmann, hermano del alcalde, se granjea las antipatías de sus vecinos al intentar concientizarles sobre los riesgos sanitarios implícitos en la contaminación hídrica. Pese a sus buenas intenciones, Stockmann es sindicado como un enemigo por las autoridades y pobladores locales, aparentemente menos preocupados por su salud física que por los inconvenientes económicos de la desinfección hídrica y la posible pérdida de clientes del balneario local. ¿Podría yo emular al Stockmann ibseano y tildar al Iphone de enemigo del pueblo wildeano sin botas de goma y con vistosos celulares? Podría intentarlo, desde ya, pero no sé si tengo tanta vocación de mártir. Mientras yo disfruto de mi licencia médica, mis alumnos sin botas de goma seguirán, sin duda, disfrutando de las pantallas dactilares de teléfonos celulares supuestamente destinados a un público materialmente más beneficiado.
  



El profeta Ibsen

Un enemigo del pueblo, montada en 2007 en el Centro Dramático Nacional de Madrid

 
¿El nuevo enemigo del pueblo?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Mala palabra

Días atrás, Ricardo Fusco, director de una escuela secundaria del gobierno bonaerense con sede en Pergamino, fue brutalmente agredido por Susana Enríquez y su hijo quinceañero. Este último, alumno de la escuela dirigida por Fusco, parece haber tenido serios problemas de conducta en el establecimiento encabezado por Fusco, acusado por Enríquez de acosar homoeróticamente a su hijo. En 2007, Fusco habría intentado infructuosamente denunciar penalmente a Enríquez por amenazas. Los sindicatos docentes bonaerenses decidieron realizar un paro de actividades en repudio al ataque contra Fusco, respaldado por sus compañeros y alumnos en una marcha por el centro de Pergamino. El ataque contra Fusco también fue repudiado por Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación, y su par bonaerense Mario Oporto. Susana Enríquez fue arrestada por disposición judicial y acusada de  coacción agravada, delito que prevé una pena de entre cinco y diez años de prisión.
Por esos días se registraron episodios similares en otros puntos de la vasta geografía bonaerense. En Tres Arroyos, una directora de escuela fue agredida a golpes de puño, sin móvil aparente alguno,  por la madre de dos alumnos del establecimiento a su cargo.  En Villa Luzuriaga, partido de La Matanza, una maestra primaria fue agredida en la puerta de su casa por la madre de una alumna suya, a quien la docente habría puesto una mala nota.
Fusco, tras el ataque

Comprendo la situación de Fusco, su par de Tres Arroyos y la maestra de Villa Luzuriaga. Como ellos, yo también soy docente del gobierno bonaerense. O quizá debería decir que lo fui, porque dudo que siga siéndolo, lamento decir. Durante dos años intenté ejercer la docencia (porque el docente actual no ejerce su profesión, sino que intenta ejercerla; esa es la cruel realidad). Me movía una lógica fe en la actual imprescindibilidad de la revalorización de la educación pública y finalización sin tropiezos graves de los estudios secundarios. Lamentablemente, mis alumnos y sus padres no parecían compartir mi comprensible parecer. Desde el 1º de agosto último pasado que estoy en uso de licencia médica por depresión y stress hasta el próximo 31  de diciembre.












Protesta contra el asesinato de Carlos  Fuentealba (2007)





Tras mis dos años de penosos intentos de ejercicio docente, la cruel realidad impuso un paréntesis forzoso a mis atendibles principios ético-profesionales. Si es que se puede decir que el actual argentino promedio conceptúa a sus docentes como verdaderos profesionales. Al médico, al odontólogo, al farmacéutico, los conceptúa evidentemente como tales, porque se conforma con que hagan aceptablemente bien el trabajo que están capacitados y habilitados para hacer.
El actual argentino promedio también debería pensar lo mismo de los docentes de su patria. Desgraciadamente, no lo  piensa. Nos conceptúa como a pobres de espíritu que nos dedicamos a la docencia porque no nos da la cabeza para otra cosa. Como a vagos que no queremos trabajar. Como a superhéroes que debemos oficiar constantemente de virtuales salvadores de la Humanidad, aunque ganemos dos pesos y nos maltraten continuamente.
En mi juventud boquense tuve trato con Lucía Puricelli, cuadragenaria vecina mía y maestra primaria del gobierno porteño. Lucía me decía: “Mis alumnos son muy pobres. Pero yo soy maestra, no psicóloga. No pueden pretender que a mis alumnos yo les haga un psicodiagnóstico. Para eso no estoy capacitada ni habilitada. ¿Qué puedo hacer por el bien de mis alumnos? Y… Enseñarles a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir… Eso puedo hacer por su bien, no un psicodiagnóstico”.
El muy atendible razonamiento de Lucía caería en saco roto en el actual contexto socioambiental de la escuela pública argentina, cuyos trabajadores parecemos haber recibido orden taxativa de autoconvertirnos incondicionalmente en superhombres, en hombres-orquesta que oficiemos simultáneamente de sociólogos, filósofos, psicólogos, trabajadores sociales, antropólogos, padres sustitutos, directores espirituales, consejeros sentimentales y la mar en coche, aunque nuestros títulos profesionales, sufridamente obtenidos por pequeñas minorías de no desertores de profesorados, sólo nos habiliten para trabajar modestamente como maestras jardineras y primarias y profesores secundarios de alguna asignatura específica.


¿Arquetipo docente?

Pero modestia parece ser una mala palabra en el ensoberbecido contexto socioambiental de la actual escuela pública argentina. Así lo demuestran los casos de Fusco, su par de Tres Arroyos y la maestra de Villa Luzuriaga. Y muchos otros casos de docentes lógicamente desalentados, entre quienes lamento tener que incluirme.          

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Shaná tová y shemá, Israel

Soy católico, pero he tenido contacto con judíos desde mi infancia. Mis padres son médicos. Entre los médicos hay muchos judíos. Algunos de los amigos más íntimos de mis padres y míos son judíos. Tuve muchos compañeros judíos en la escuela primaria y secundaria. Tuve un psicoterapeuta y una 
odontóloga judías. A los 17 años empecé a ampliar mis conocimientos de la cultura judía, a través de la lectura de valiosos libros especializados, como La memoria de Abraham de Marek Halter, Historia de los marranos de Cecil Roth o Historia de los judíos de Paul Johnson. O bien a través de la lectura de memorables textos literarios como El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani o El penitente de Isaac Bashevis Singer. Mi juventud se vio conmovida por los brutales atentados terroristas contra la embajada israelí en Buenos Aires y la AMIA. Me indignaba el status de pueblo perseguido impuesto al pueblo judío a lo largo de casi toda su historia. El pueblo judío era, para mí, el pueblo del Éxodo, que huyera de la esclavitud en Egipto, liderado por Moisés en el siglo XIII a.C. El pueblo sojuzgado en el siglo VI a.C. por Nabucodonosor II, quien destruyese el Templo de Salomón e impusiese a los judíos el cautiverio en Babilonia conmovedoramente evocado, en el siglo XIX, por Giuseppe Verdi, en su indeleble Va pensiero. El pueblo de la Diáspora, iniciada en el siglo I d.C.con el afianzamiento de la dominación romana sobre Israel y la destrucción del segundo Templo de Jerusalén. Diáspora prolongada durante 1800 implacables años, hasta la proclamación del Estado moderno de Israel en 1948. Para mí, el pueblo judío era el pueblo perseguido por la Inquisición y masacrado en los pogroms de la Rusia zarista y campos de concentración nazis.
Pero santidad y persecución no son necesariamente sinónimos. Los judíos son tan cuestionables como cualquier otro ser humano. Y, como los aprecio, me duele cuestionarlos.
Me duele percibir la actitud del gobierno israelí y comunidad judía internacional ante la muy atendible pretensión del pueblo palestino de poseer, como los judíos, su propio Estado. Me duele percibir la actitud de la comunidad judía argentina ante uno de los mejores gobiernos que haya tenido la Argentina desde su restauración democrática de 1983, fruto de medio siglo de sufrimientos equiparables a los padecimientos históricos del pueblo judío.
En esta semana de Roschaschaná, me duele comprobar cómo el Pueblo Elegido parece haberse convertido en el Pueblo Extraviado. Dos expresiones de mi limitadísimo hebreo de hombre cristiano acuden a mi memoria en esta semana de Roschaschaná: Shaná tová y shemá, Israel. Que Dios los ilumine y reoriente. No hay nada más triste para un perseguido que convertirse en perseguidor.

Quiero mucho a los judíos y, por dicho motivo, me permito implorarles: no les hagan a nadie lo mismo que les hicieron de malo a Uds. Ni a los palestinos, ni a ningún otro pueblo. Sé que, hasta ahora, no lo han hecho. Pero las tentaciones negativas del poder son fuertes. Y espero que sepan resistirlas. Esa debe ser, a mi entender, la principal meta del pueblo judío en el año que hoy estrena la comunidad hebraica mundial.



En este Roschaschaná, el shofar sinagogal debe llamar al pueblo judío a reflexionar sobre su rol en el complejo mundo actual. La venganza es una costumbre vil. Para quienes son judíos y para quienes no lo son.




       

lunes, 26 de septiembre de 2011

Pigmalionistas vs.anti-pigmalionistas

En la mitología griega, Pigmalión era un escultor enamorado de su estatua Galatea. También parece haber habido un rey de Tiro llamado Pigmalión. Un planeta secundario ha sido denominado Pigmalión 96189 en honor al Pigmalión escultor. En el siglo I a.C., el poeta romano Virgilio impuso el nombre de Pigmalión a un personaje de su Eneida. Entre los siglos XVI y XIX, la historia del Pigmalión escultor inspiró cuadros de Agnolo Bronzino y François Boucher, óperas de Jean-Philippe Rameau, Georg Anton Benda, Karol Kazimierz Kurpiński, Luigi Cherubini y Gaetano Donizetti, un melodrama de Jean-Jacques Rousseau, un musical burlesco de William Brough y un ballet coreografiado por Marius Petipa. En los siglos XIX y XX, la sociología y psicología acuñarían los conceptos de efecto Pigmalión y pigmalionismo o agalmatofilia, respectivamente referentes a la conducta de seres humanos tendientes a comportarse según las expectativas de sus semejantes y la atracción erótica producida por las estatuas y la inmovilidad[1]. En 1877, el psiquiatra austríaco Richard von Krafft-Ebbing registró el caso de un jardinero enamorado de una estatua de la Venus de Milo y empecinado en tratar de mantener contacto sexual con la escultura.


Pigmalión y Galatea, cuadro de François Boucher (1767)


Richard Freiherr von Krafft-Ebbing con su esposa Marie Luise

Yo propongo concebir el pigmalionismo como la creencia en el automejoramiento y el anti-pigmalionismo como la creencia en el autoempeoramiento. Dicho más coloquialmente: el pigmalionista cree que puede mejorar su personalidad; el anti-pigmalionista cree que sólo puede empeorarla.





[1] La información utilizada en este texto es, mayoritariamente, una mera bajada de Internet. No pretendo ser una autoridad en la materia (n.del a.)


En 1912, el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw estrenó su célebre comedia teatral Pigmalión, llevada al cine por el cineasta británico Anthony Asquith en 1938. La obra de Shaw inspiró la célebre comedia musical My fair lady (Mi bella dama), estrenada en Nueva York en 1956, ideada por Gabriel Pascal, con letras de Alan Jay Lerner y música de Frederick Loewe y una versión cinematográfica de 1964 aparentemente destinada a una remake en 2012. El Pigmalión de Shaw también inspiró al dramaturgo británico Willy Russell la obra teatral Educating Rita (Educando a Rita), estrenada por encargo en el Londres de 1980 y adaptada por Russell al cine en 1983 y a la radio en 2009. En la década de 1990, la historia de Pigmalión inspiró un animé del japonés Shinji Wada.

George Bernard Shaw

El Pigmalión de Shaw no es el escultor de la mitología griega, sino Henry Higgins, exasperante fonetista del Londres de principios del siglo XX. Higgins toma bajo su protección a la joven y desaliñada florista Eliza Doolittle, que vive humildemente de la venta callejera de violetas en las inmediaciones del Covent Garden, donde la descubren Higgins y un coronel apellidado Pickering en una lluviosa noche de función en el afamado teatro londinense. En pocos meses de trabajosa transformación, Eliza deja de ser una deslucida violetera callejera, con mejor dominio del dialecto Cockney que del purista idioma inglés maniáticamente preconizado por Higgins, convirtiéndose en una dama digna de ser presentada en una recepción diplomática, aunque, de a ratos, se subleve contra el autoritarismo de Higgins y amenace con volver a sus viejas costumbres.

Leslie Howard y Wendy Hiller personifican a Henry Higgins y Eliza Doolittle en la versión cinematográfica británica del Pigmalión de Shaw dirigida en 1938 por Anthony Asquith

 El Pigmalión de Shaw convertido en comedia musical de Broadway. Audrey Hepburn personifica a Eliza Doolittle en la versión cinematográfica de My fair lady dirigida en 1964 por George Cukor. La precede Rex Harrison en el rol de Henry Higgins.

Keira Knightley interpretaría a Eliza Doolittle en la remake cinematográfica de My fair lady, dirigida por Cameron Mackintosh y destinada a estrenarse mundialmente en 2012, año del centenario del estreno mundial del Pigmalión de Shaw

El Higgins de Russell no es un recalcitrante fonetista de principios del siglo XX, sino Frank Bryant, excéntrico doctor en letras del decenio de 1980, tan aficionado a la literatura como al alcohol,  magistralmente encarnado por Michael Caine en la versión cinematográfica de Educando a Rita. Bryant acepta, como alumna de la Open University inglesa, a Susan White, una veinteañera peluquera de clase baja encarnada en el cine por Julie Walters, que ha adoptado el sobrenombre de Rita y se divorciará de su marido para eludir el convencional destino femenino impulsado para ella por su padre y su consorte, en su afán por autotransformarse mediante el estudio de la literatura.

En 1983, el cineasta británico Lewis Gilbert dirigió a Julie Walters y Michael Caine en Educando a Rita, versión cinematográfica de una obra teatral inspirada en el Pigmalión de Shaw

En 1982 yo tenía doce años y leía ávidamente la clásica historieta argentina Locuras de Isidoro, de Dante Quinterno, relato de las aventuras del playboy Isidoro Cañones, que, en una entrega del comic, se convertía en una versión argentina del Higgins de Shaw, al tomar a su cargo la trabajosa transformación de su zaparrastrosa mucama temporal Cachirla Funes, efectuada bajo el reticente apoyo financiero de esa acartonada y anacrónica versión argentina del Pickering de Shaw encarnada en el severo, añoso y acaudalado coronel Urbano Cañones, tío de Isidoro, quien mencionaba al Higgins de Shaw y amenazaba con desheredar a su sobrino bon vivant si este último no sentaba cabeza. Rebautizada por Isidoro como Liliana Reynal, la joven se convertía, en tres meses, en una estrella televisiva.











Isidoro Cañones. En una entrega de la historieta de Dante Quinterno, publicada en 1982, el "rey de los playboys" se convertía paradójicamente en una versión argentina del Higgins de Shaw


Melanie Griffith personifica a una joven pigmalionista en Secretaria Ejecutiva, película estadounidense de 1988 dirigida por Mike Nichols

Tanto la Eliza de Shaw como la Rita de Russell son pigmalionistas. Lo mismo puede decirse de Tess McGill, la secretaria encarnada por Melanie Griffith en Secretaria ejecutiva, película estadounidense de 1988 dirigida por Mike Nichols. Como a Eliza y Rita, a Tess la caracterizaba un gran deseo de formarse y prosperar en la vida.
No puedo, por desgracia, decir lo mismo de mis alumnos de secundaria, cuyo grado de indisciplina me costase, durante un azaroso bienio, bochornosos apercibimientos disciplinarios por parte de mis superiores jerárquicos y problemas de salud psicomoral explicativos de mi primer pedido de licencia médica prolongada como docente estatal bonaerense, instancia frecuente en mi gremio e inicialmente recusada por mis principios éticos, injustamente jaqueados por muy adversas circunstancias. Mis alumnos de secundaria eran (o parecían ser) unos netos anti-pigmalionistas, descreídos de sus chances de automejoramiento, ante los cuales resultarían impotentes los poderes de los dioses griegos y los talentos del Higgins de Shaw.
Yo veía (y veo) en la educación secundaria obligatoria ese relevante espacio de automejoramiento individual situado por el Higgins de Shaw en el buen decir y la Rita de Russell en el estudio de la literatura. ¿Soy, acaso, un ingenuo por pensar así? En sentido objetivo, no, pero, ¿dónde está la objetividad hoy en día?
En dos años de sufrida labor docente debí efectuar concesiones que, en mi época de estudiante secundario, habrían parecido una burla. Y no hice el secundario con Miguel Cané en la época de Juvenilia. Lo hice en la década de 1980. ¿Cuáles fueron esas concesiones? No dar tarea para el hogar porque nadie la hacía. No dejar materiales para fotocopiar porque nadie los fotocopiaba (mis alumnos alegaban no tener los 80 centavos para mis modestísimas fotocopias, mientras estaban dele mandar SMS estúpidos con sus bonitos celulares de pantalla dactilar, de 500 pesos para arriba, o sacando estúpidas fotitos digitales de sus personas y de la mía, mientras yo, ¿necio de mí?, intentaba hablar de la Sociedad de Naciones y del Holocausto). No promover debates porque nadie decía este pico es mío. No utilizar las netbooks del Programa Conectar Igualdad como recurso didáctico, porque mis alumnos preferían utilizarlas para publicar zonceras en Facebook o Twitter. No dictar clases expositivas porque nadie les prestaba atención. Quise dar lo mejor de mí a personas aparentemente deseosas de recibir lo peor. Quise, como el Pigmalión mitológico griego, convertir a mis alumnos en Galateas. Pero mis alumnos parecían preferir estrellarse con las malas alas de un Ícaro. Quise, como el Higgins de Shaw con el idioma inglés, que mis alumnos percibieran la belleza y utilidad del buen castellano. Pero mis alumnos parecían preferir el alarmante léxico de los cánticos futboleros. Quise, como la Rita de Russell y la Tess de Nichols, que mis alumnos redujeran su margen de ignorancia. Pero a mis alumnos parecía seducirles más su ampliación.
Finalmente, muy a pesar mío, pedí (y obtuve) una licencia médica prolongada. Mi pigmalionismo había sufrido su primera derrota ante el anti-pigmalionismo. Pero, a diferencia de Anakin Skywalker, prefiero no pasarme al Lado Oscuro. No tengo vocación de Darth Vader. Los anti-pigmalionistas se creen muy astutos. Pero suelen terminar mal.


 En La Guerra de las Galaxias, el pigmalionista Anakin Skywalker cometía el fatídico error de autoconvertirse en el anti-pigmalionista Darth Vader, autosentenciándose al caritativo parricidio perpetrado por  su hijo, el  atribulado y perseverante pigmalionista Luke Skywalker,   bondadoso Schoklender intergaláctico ideado por George Lucas en 1977.

jueves, 22 de septiembre de 2011

McDonald's y McMierda

En su película El dormilón, Woody Allen satiriza las películas e ideales futuristas al encarnar a Miles Monroe, comerciante en "comida sana" congelado por error tras una operación de amígdalas practicada en 1973 y despertado 200 años después por rebeldes necesitados de una persona sin identidad para  derrocar a un cruel dictador del futuro. Inicialmente Monroe se resiste e intenta escapar, haciéndose pasar por un torpe mayordomo robotizado. El encuentro con Luna, mujer del futuro encarnada por Diane Keaton, y una serie de desventuras y persecuciones desembocan en su captura y asimilación dentro del sistema que los rebeldes pretendían destruir. Recapturado y reeducado por los rebeldes, Monroe acepta participar en la conspiración, haciéndose pasar por el cirujano que intentará reconstituir el cuerpo del dictador, reducido a su nariz por un feroz atentado. Monroe logra destruir la nariz del dictador y frustrar toda tentativa científica de recrear al abusivo gobernante del futuro.

Woody Allen interpreta a un falso y torpe mayordomo robotizado del futuro en su película El dormilón, de 1973

Al despertar de su sueño bicentenario, Monroe descubre que el mundo del siglo XXII no sólo sigue sufriendo los abusos de sus gobernantes, sino también de los comerciantes en agroquímicos y comida chatarra. En el mundo del año 2173 aún existe McDonald's, al menos según el Allen de El dormilón, pero también siguen existiendo los anti-McDonald's, por así llamar a los opositores al abusivo gobernante del futuro imaginado por Allen.


El Allen de El dormilón atrapado por una superhortaliza del futuro

 El Allen de El dormilón ante un McDonald's del año 2173

Ayer, 21 de septiembre de 2011, mientras los estudiantes celebraban su día en las calles porteñas y  la presidenta Cristina Fernández de Kirchner reclamaba por nuestros derechos malvínicos ante la ONU, unas catorce personas, entre ellas niños y embarazadas, resultaron heridas al desplomarse sobre sus cuerpos el cielorraso de un McDonald's del barrio porteño de Once. No es la primera vez que McDonald's se ve inmerso en situaciones de esa índole desde su llegada a la Argentina en 1988. Hace no muchos años, niños de corta edad fueron hospitalizados en grave estado tras haber ingerido hamburguesas en sucursales argentinas de la célebre multinacional estadounidense de comida rápida, que empezaron a anteponer vistosas cafeterías a sus cuestionables hamburgueserías para poder seguir operando en la patria de unos choripanes susceptibles de hacer sombra a las hamburguesas, aunque la bromatología de los choripanes de Costanera Sur no pinte mucho más confiable.


Cristina en la ONU (Nueva York, 21/09/2011)


McCafé, tapadera de crímenes de lesa argentinidad
Derrumbe de cielorraso en un McDonald's del barrio porteño de Once, producido el 21 de septiembre de 2011

Choripanería de Costanera Sur

Ciertas publicidades exaltan las supuestas virtudes de los productos de McDonald's:


Cajita... ¿feliz?

(¿) Estoy amándolo (?)

¿Comprometidos? ¿En envenenarme, quizás?


Mapa mundial de la infamia, por decirlo borgeanamente. Imagínense a María Kodama y Jorge Luis Borges en un McDonald's. ¿Habrán conocido a alguno en sus viajes? Cuando Borges murió no había McDonald's en la Argentina, que, al menos en lo referente a esa cuestión, vivía tiempos más felices. Ello no impidió que Kodama y Borges disfrutasen de un paseo en globo en los Estados Unidos de 1983, que, para su desgracia, llevaban décadas albergando múltiples McDonald's







María Kodama y Jorge Luis Borges pasean en un globo estadounidense en 1983

Pero, por suerte, en el mundo actual también hay joyitas como estas:












Seamos optimistas: tanto en el mundo actual como el mundo del siglo XXII imaginado por Allen, siempre habrá quien grite "¡McDonald's!" y quien grite "¡McMierda!" Y así como hoy podemos serrucharle el piso a un Kadafi, dentro de dos siglos podríamos hacer algo similar con los mandamases del futuro. "La esperanza nunca es vana", dijo Borges. Perdón, don Jorge Luis, si lo sacamos de la naftalina a cada rato. Es que Ud.era mandado a hacer para ciertas cosas.