viernes, 21 de octubre de 2011

Debe el pueblo votar

El 10 de febrero de 1912, el Congreso Nacional Argentino sancionó la ley 8871, llamada "Ley Sáenz Peña" en homenaje al presidente que la promulgó, Roque Sáenz Peña. La ley pretendía regularizar las prácticas electorales argentinas. En 1821, siendo ministro de Gobierno del gobernador bonaerense Martín Rodríguez, Bernardino Rivadavia había logrado la sanción de una ley de sufragio universal masculino optativo, considerada como de avanzada para una época en la cual Europa, considerada por muchos argentinos como paraíso progresista, aún promovía el voto censitario (Inglaterra recién sancionaría una ley de sufragio universal en 1824). La ley rivadaviana no promovía, empero, el voto obligatorio y secreto. Las prácticas comiciales serían caóticas durante el resto del siglo XIX y primeros años del XX, dando lugar a comicios fraudulentos y episodios de violencia política. La vida política argentina decimonónica parecía dirimirse más a fuerza de cuchillo que de voto, aunque los comicios llevasen al poder a auténticos progresistas, como Domingo Faustino Sarmiento, que, en 1864, con el sufragismo internacional poco menos que en pañales, había otorgado, en su calidad de gobernador de San Juan, el derecho de voto a las mujeres de su provincia.



Rivadavia, pionero del sufragio universal

 


Sarmiento, sufragista precoz

A principios del siglo XX era evidente que se necesitaban cambios en la legislación electoral.  El voto masculino ya no podía seguir siendo un viva la Pepa. La Ley Sáenz Peña refrendó su universalidad, le otorgó carácter secreto y lo declaró obligatorio para todo varón de 18 a 70 años de edad, argentino nativo o por opción. Durante la primera mitad del nuevo siglo, figuras como Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Victoria Ocampo y María Rosa Oliver exigirían el sufragio femenino a escala nacional, otorgado en 1947 con carácter universal, secreto y obligatorio.


Roque Sáenz Peña, el Gran Depurador

Urna electoral utilizada en los primeros comicios presidenciales amparados por la  Ley Sáenz Peña, celebrados en 1916
  
Julieta Lanteri votando en un simulacro de sufragio femenino organizado en 1920

Entre 1916 y 1928, aunque sólo votaban varones argentinos, alejando de las urnas a muchos inmigrantes, se celebraron tres comicios presidenciales amparados por la Ley Sáenz Peña, cuya limpieza y masividad contrastó gratamente con el carácter viciado y minoritario característico de las elecciones argentinas anteriores a la ley 8871. Era deseable perpetuar el New Deal cívico argentino. Lamentablemente, no todos pensaban así. Y a quienes pensaban distinto no les faltaba poder para cambiar votos por botas, o los votos que no deseaban por los que sí. En 1930 se consumaba el primer golpe de Estado argentino del siglo XX, seguido de la reintroducción del fraude electoral.

6 de septiembre de 1930. El general José Félix Uriburu se dirige a la Casa Rosada para derrocar al presidente Hipólito Yrigoyen



Comienza la proscripción del radicalismo. La habitación de Hipólito Yrigoyen saqueada por los golpistas de 1930


Fraude electoral bonaerense (1935). Un elector es obligado por las autoridades de mesa a votar por los conservadores, violando el carácter secreto conferido al sufragio por la Ley Sáenz Peña

Los reiterados golpes de Estado del siglo XX argentino, consumados entre 1930 y 1976, impidieron a muchos argentinos ejercer regularmente su derecho de voto. La política no se limita al voto y tiene sus impurezas. Empero, voto y la política son imprescindibles. Sin voto no hay política. Sin política no hay democracia. Mi madre tenía diez años en 1947, cuando el presidente Juan Domingo Perón promulgó la ley nacional argentina de sufragio femenino, fruto de casi medio siglo de lucha sufragista. Diez años después, mi madre emitió el primer voto de su vida, en las elecciones nacionales de 1957 para convencionales constituyentes... con el peronismo irónicamente proscrito por la dictadura de la Revolución Libertadora. Alguna vez he tenido entre mis manos las libretas cívica de mi madre y de enrolamiento de mi padre y mi abuelo paterno, signadas por pavorosos baches cronológicos entre las constancias electorales anteriores a las elecciones generales de 1983, fruto de un contumaz golpismo. Entre 1965 y 1983, mis padres y mi abuelo sólo pudieron votar, si mi conteo no falla, cuatro veces, lo mismo que puedo llegar a votar yo en, a lo sumo, dos años.
Mi madre, nacida en 1937, vivió en una Argentina castigada por cinco golpes de Estado, consumados en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Soportó la arbitrariedad de la Revolución Libertadora, de la Revolución Argentina y del Proceso de Reorganización Nacional. Recién a los 46 años pudo empezar a votar regularmente. Mi padre, a los 42. El caso más patético fue el de mi abuelo. Nacido en 1918, primogénito de un prolífico matrimonio de inmigrantes españoles, presenció el derrocamiento de Yrigoyen a los 12 años y debió estrenar su libreta de enrolamiento con un voto en blanco, pues él se consideraba radical y no quiso emitir el voto a favor de los conservadores que intentó hacerle emitir un esbirro del fraude "patriótico" de la Década Infame. En 1983, mi abuelo ya contaba 65 años, faltándole un escaso lustro para la edad mínima del voto optativo. Luchando contra las limitaciones de la ancianidad, mi abuelo votó hasta su año mortuorio de 2003, para poder ejercer un derecho que tan injustamente le retaceasen desde temprana edad.

Afiche alusivo a la consagración de los derechos políticos femeninos, decidida durante la primera presidencia peronista


Imagen testimonial del bombardeo aéreo golpista contra Plaza de Mayo, lanzado el 16 de junio de 1955

Empieza la proscripción del peronismo. Bustos de Perón y Evita destruidos por los golpistas de 1955



Golpistas de 1962-1963 en acción. Enfrentamiento "azules vs.colorados". Tanques azules en las calles porteñas 


Noche de los Bastones Largos, 29 de julio de 1966. Nacen el "Onganiato" y su exótica pretensión de despolitizar a rajatabla una Argentina definida por Joseph Page como el país latinoamericano más sofisticado en materia política


Imagen de la desmedida represión política del Proceso de Reorganización Nacional


Raúl Alfonsín votando (c.2007)

En vísperas de las elecciones generales de 1983, participé, a mis 13 años, de un simulacro electoral organizado en mi escuela, cuyo resultado favoreció ampliamente al candidato presidencial radical Raúl Alfonsín, consagrado presidente pocos días después. Aunque algunos me midan con una lástima premeditadamente insincera, yo no he dejado de defender el voto desde la emisión de mi primer sufragio en 1989, a los 19 años, y este año me postulé, voluntaria y exitosamente, como autoridad de mesa para las primeras primarias de la historia argentina y la primera reelección presidencial de una mujer argentina[1]. Tengo mis razones para proceder así. Nací el 1º de abril de 1970, en una Argentina gobernada, hacía casi cuatro años, por la dictadura de la Revolución Argentina, que aún se mantendría en el poder tres años más. Su salida del poder precedió en menos de tres años a la instauración de la más despiadada dictadura argentina. Mis primeros recuerdos de la vida política argentina datan de mi adolescencia. En su camino hacia el jardín de infantes, mi sobrino, próximo a nacer, verá esa propaganda electoral  callejera que yo recién empecé a ver a mis 13 años. Pertenezco a la primera generación de argentinos que ha podido ejercer regularmente su derecho al voto desde temprana edad, cosa que nuestros padres y abuelos, víctimas del golpismo, debieron resignarse a hacer más tardíamente. Y eso no es poca cosa.
El pueblo libio acaba de desembarazarse trabajosamente de su dictador Muammar Khadafy  y debe autoprotegerse de potenciales ingerencias externas. Ahora está en sus manos la grave responsabilidad de decidir sobre su futuro. Como volverá a estarlo, en muy pocos días, en manos de un electorado argentino penosamente desembarazado del golpismo y neoliberalismo, sus dos peores males históricos del último siglo. El pueblo argentino debe asumir a fondo tan alta tarea. Y las urnas no deben, por dicho motivo, tomarse a la ligera. En estos meses previos al centenario de la promulgación de la ley 8871, el "Quiera el pueblo votar" atribuido a Roque Sáenz Peña debe convertirse, para bien de la Nación, en un "Debe el pueblo votar". Subrayemos incansablemente el verbo.  


El cadáver de Khadafy exhibido en la ciudad libia de Misurata el 21 de octubre de 2011. Para el pueblo libio, la muerte de Khadafy representa el fin de una era, caracterizada por un matiz angustioso y prolongado análogo al revestido en la historia argentina por el golpismo y neoliberalismo



[1] Fragmento agregado tras la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, materializada el 23 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

Supervivencia Cívica Radical

En este año 2011, se cumplen 120 años del nacimiento de la Unión Cívica Radical (UCR). Ciento veinte años de supervivencia. Ya desde su surgimiento, el partido de Hipólito Yrigoyen acusó el sempiterno carácter supérstite destinado a la UCR. Esta última tiene sus raíces históricas en el autonomismo alsinista del decenio de 1870, al cual adhirieron el joven Yrigoyen y su tío Leandro Alem. En 1889 se dio el primer paso hacia el advenimiento de la UCR, al conformarse la Unión Cívica Nacional (UCN), encabezada por Bartolomé Mitre y responsable del desplazamiento del cuestionado presidente Miguel Ángel Juárez Celman, concuñado y sucesor presidencial del general Julio Argentino Roca. En 1891, en su calidad de líder del Partido Autonomista Nacional (PAN), Roca celebró con Mitre un acuerdo electoral con vistas a las elecciones presidenciales de 1892. El sector alemnista de la UCN rechazó el acuerdo y se alejó del mitrismo, constituyendo la UCR y promoviendo las infructuosas revoluciones de 1893 y 1905 contra los presidentes conservadores Luis Sáenz Peña y Manuel Quintana, tutelados por Roca, cuyo retorno al poder en 1898 se vio posibilitado por la renuncia de Sáenz Peña a favor de su vicepresidente roquista José Evaristo Uriburu, futuro consuegro del Conquistador del Desierto. Alem no sobrevivió al impacto emocional de las vicisitudes políticas y puso fin a su vida el 1º de julio de 1896. Por esas ironías del destino, su sobrino Yrigoyen, devenido en rival político de su tío, moriría el 3 de julio, aunque de 1933.

Leandro Alem, fundador y víctima de la UCR

En 1912, el presidente conservador Roque Sáenz Peña, hijo de Luis Sáenz Peña, pareció favorecer paradójicamente a la UCR al promulgar la célebre ley electoral conocida como Ley Sáenz Peña y destinada a regularizar unas prácticas electorales viciadas por el fraude sistemático y las irregularidades de los padrones. En 1916, 1922 y 1928, los dirigentes radicales Hipólito Yrigoyen y Marcelo Torcuato de Alvear se convirtieron en dos de los presidentes más limpiamente elegidos de la historia argentina, hecho signado por la escisión intrapartidaria del radicalismo en 1924.


Roque Sáenz Peña, ¿salvador de la UCR?

12 de octubre de 1916. Primera asunción presidencial de Hipólito Yrigoyen 

Marcelo Torcuato de Alvear

En la década de 1930, el advenimiento del golpismo obligó al radicalismo a autoconcebirse nuevamente como un supérstite, forzado por pactar con el conservadurismo los duros términos de su supervivencia política: fuertes retaceos a la participación electoral del radicalismo, reintroducción del fraude electoral. En 1937, los radicales antipersonalistas pudieron imponer a su candidato presidencial Roberto Ortiz, a condición de aceptar comicios fraudulentos y un compañero de fórmula conservador para el ex ministro de Alvear. Ortiz asumió la presidencia a principios de 1938. En 1940 quiso pronunciarse fuertemente contra el fraude electoral al decretar la intervención federal contra la provincia de Buenos Aires, dominada por el dirigente conservador Manuel Fresco y bastión del fraude electoral. Logró firmar el decreto, pero, al poco tiempo, su mala salud lo obligó a delegar la presidencia en su vicepresidente conservador Ramón Castillo, partidario del fraude electoral, derrocado por un golpe militar en 1943 y fallecido al año siguiente. Ortiz renunció a la presidencia en 1942, falleciendo ese mismo año, como Alvear.

Roberto Ortiz, auténtico supérstite radical

El advenimiento del peronismo representó un serio desafío para la supervivencia del radicalismo. En las elecciones presidenciales de 1946, Perón derrotó al radical antiyrigoyenista José P.Tamborini, ex ministro de Alvear, quien, para postularse, pudo contar con su correligionario Enrique Mosca como compañero de fórmula, pero debió aceptar la Unión Democrática (UD), fallida alianza entre radicales antiyrigoyenistas, socialistas, demoprogresistas, socialistas y comunistas. 

José P.Tamborini


Enrique Mosca
  
Acto de la UD (1945)

En las elecciones presidenciales de 1951, los radicales, supérstites del naufragio de la UD, fueron representados por el binomio Ricardo Balbín-Arturo Frondizi y nuevamente derrotados por la fórmula Perón-Quijano, cuya reelección autorizaba la reforma constitucional de 1949, parcialmente suprimida en 1957. En 1951, la mujer argentina votó por primera vez en una elección nacional. Pero, aunque Perón hubiera puesto preso un año a Balbín, la electora promedio estaba evidentemente con Perón, que decía haber ganado su primera elección con los hombres y la segunda con las mujeres y había vaticinado acertadamente que ganaría la tercera con los niños de 1951, futuros votantes del Perón de 1973. Evita dio el ejemplo, al estrenar la primera libreta cívica argentina con la emisión de su primer y único sufragio.

         
Balbín en prisión (1950)

Evita votando (1951)

La Revolución Libertadora obligó al radicalismo y al peronismo a pactar con el conservadurismo golpista los severos términos de su supervivencia política. En vísperas de las elecciones presidenciales de 1958, un radicalismo dividido acordó con un peronismo proscrito que los peronistas votarían por el radical intransigente Arturo Frondizi, rival intrapartidario del radical del pueblo Ricardo Balbín. No fue una jugada beneficiosa para el radicalismo, como tampoco lo fue la elección presidencial del radical del pueblo Arturo Illia, sucesor presidencial del radical intransigente José María Guido, convertido en presidente-títere por los golpistas de 1962. Tanto Frondizi como Illia terminaron derrocados por sendos golpes militares.  Frondizi se alejó del radicalismo, conformando el muy modesto Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).


29 de marzo de 1962. Frondizi, derrocado, a bordo del avión que lo lleva preso a Martín García


Guido saliendo de un Tedeum en 1962

Illia derrocado (28 de junio de 1966)

La Revolución Argentina pretendió ser aún más drástica con la actividad política. Juan Carlos Onganía, su primer presidente de facto, no pretendía silenciar a un determinado partido político, como José Félix Uriburu o Pedro Eugenio Aramburu. Pretendía silenciar toda actividad política, como intentaran hacerlo infructuosamente los golpistas de 1943. Y, por supuesto, no lo logró. Uno de sus rivales y sucesores de facto sería el general Alejandro Agustín Lanusse, quien odiaba al peronismo, pero sabía que a la política no se la puede suprimir tan fácilmente. En marzo de 1973, se celebraron elecciones sin proscripciones, en las cuales el radicalismo y el peronismo pudieron presentarse libremente y sin divisiones en su seno. Perón regresó de su exilio y pudo volver a la presidencia con el voto de los niños de 1951. Murió en julio de 1974, tras las dos derrotas infligidas electorales por el peronismo a Balbín el año anterior y tras la reconciliación entre Perón y Balbín.

Reconciliación Perón-Balbín (1973)

El Proceso de Reorganización Nacional pretendió ser tan drástico con la actividad política como la Revolución Argentina. Y, por supuesto, fracasó rotundamente. En el ínterin, falleció Balbín. El naufragio del Proceso permitió una espléndida demostración de la capacidad de supervivencia del radicalismo, en la figura de Raúl Alfonsín. Este último tenía mucha muñeca política, pero no parecía entender que no es lo mismo gobernar un país que presidir un comité. Entre 1985 y 1997, el radicalismo no ganó ninguna elección nacional. Y, cuando la ganó, lo logró a través de esa esperpéntica reedición de la UD encarnada en la Alianza. Tanto Alfonsín como su correligionario Fernando de la Rúa salieron de la Casa Rosada a los ponchazos.

Junio de 1989. Raúl Alfonsín hace pública su renuncia a la Presidencia de la Nación, impotente ante la alarmante situación socioeconómica imperante

Logo de la campaña electoral aliancista de 1999
  

20 de diciembre de 2001. Acosado por la violencia social imperante, el presidente Fernando de la Rúa se ve obligado a abordar el helicóptero presidencial en la terraza de la Casa Rosada, ante la inconveniencia de desplazarse en automóvil hasta el cercano helipuerto presidencial para volar a la Quinta de Olivos. Ese mismo día, el jaqueado mandatario anunciaría su dimisión, aceptada al día siguiente por el Congreso Nacional.

Diez años después de la caída del último presidente radical, Ricardo Alfonsín, hijo de Raúl, parece creer en la posibilidad de llegar al poder reeditando la UD y la Alianza, a través de su exótica alianza electoral con Francisco de Narváez, presunta "pata peronista" de la nueva coalición promovida por un líder radical. Lo cierto es que la historia del radicalismo es una historia de supervivencia. De una supervivencia política cada vez más difícil.


Ricardo Alfonsín con Francisco de Narváez (2011)   

martes, 18 de octubre de 2011

Paquetes humanos

Según ciertos medios periodísticos, los docentes de la localidad pampeana de General Pico decretaron un paro con movilización en repudio del ataque físico lanzado por una madre divorciada, sin custodia legal sobre sus vástagos, contra ciertos integrantes del personal de una escuela media local, que el hijo quinceañero de la agresora integra en calidad de alumno regular.

utelpa_paro_agresin_3420

utelpa_paro_agresin_3402

Marcha contra la violencia escolar en General Pico (18/10/2011) 

No es esta la primera oportunidad en que me siento impelido, a pronunciarme,  en este joven espacio, sobre esas realidades, tan lamentablemente fehacientes. Lo hago desde mi propia experiencia, sin ánimo de tornarme narcisísticamente autorreferencial. Presencié situaciones similares durante mi azaroso bienio de labor docente en escuelas secundarias del gobierno bonaerense, habilitadas en el partido de Avellaneda, responsable del previsible desgaste psicoemocional que me impulsara a solicitar y obtener, muy a pesar mío, la primera licencia médica prolongada de mi breve historial docente.
La escuela pública argentina parece haber devenido en receptáculo de la podredumbre humana y depósito de niños y adolescentes sin capacidad de pago de escuela privada, como si, para un ítem tan esencial como el educativo, el más pobre fuera un paquete humano y el no tan pobre, un cliente potencial. Para muchos padres, los hijos parecen haber devenido en paquetes, las escuelas en depósitos y los docentes, en encargados de depósito. Como dijera Gabriel García Márquez al recorrer los países socialistas europeos de 1957, en todo ello parece haber una absoluta pérdida de la sensibilidad humana, como si la preocupación por la masa no permitiese ver al individuo. Y cuando digo individuo, no digo individualismo. Como me hiciera notar, hace ya muchos años, una muy querida ex docente mía del Profesorado, hoy fallecida, está bien no fomentar el individualismo; lo que no está bien es ignorar la individualidad del ser humano, cuyo reconocimiento no le impide vivir en comunidad.


Portada del libro De viaje por los países socialistas. 90 días tras la Cortina de Hierro, de Gabriel García Márquez

En la muy recomendable película argentina Derecho de familia, de 2005, de Daniel Burman, se dice, con esas u otras palabras, que, para una madre o padre, un hijo no puede ser un paquete que se lleve de acá para allá. Yo, actualmente hermano de una cuasi-madre, agrego que una madre o padre no debe concebir aberrantemente a su hijo como un paquete humano, sino como un ser humano requerido de afecto, atención y educación. El hijo mencionado en Derecho de familia es el niño de tres años concebido por el matrimonio ficticio exhibido en el film. Lo grave es que, en la actualidad, no sólo parecen recibir trato de paquete humano los niños de tres años, sino también los quinceañeros, a escasos tres años de su mayoría de edad.

 Eloy Burman y Daniel Hendler en Derecho de familia

Para ir redondeando, quisiera reproducir una anécdota referida por mi padre, cuyas actuales actividades médicas incluyen, como ya he dicho, la capacitación de mamis, mujeres con experiencia maternal, habitantes del partido bonaerense de Pilar y entrenadas como acompañantes de embarazadas en situación de alto riesgo socioambiental. Ayer, 17 de octubre, mis padres cumplían 45 años de casados y decidieron celebrar sus bodas de rubí con un paseo por el Delta. Al regresar al puerto de Tigre, mi padre  vio una embarazada, asistida por dos trabajadores sanitarios, arribados al puerto de Tigre en una ambulancia de la Municipalidad de San Fernando. La embarazada acababa de descender de una lancha de la Prefectura Naval, portando un prolijo bolso de parto y sin otro acompañante que el personal prefectorial. Sí, leyeron bien, sin otro acompañante. Esa mujer bien podría haber navegado dos horas en la lancha prefectorial, desde su isla del Delta, con riesgo de parir en el camino, sin nadie que la asistiese debidamente, excepto que estuviese destinada a una césarea programada. Los efectivos prefectoriales podrían haber sido las mamis de esa mujer isleña, sin el entrenamiento recibido por las acompañantes de embarazadas  del partido de Pilar.  




Se encuentra abierta la inscripción para marineros con título de obstetra. Enviar CV a PNA_destacamentotigre@......gov.ar

La mujer mencionada por mi padre parecía muy tranquila, pero Dios guarde a mi sobrino de nacer en tales condiciones. Mi sobrino no será Jesús de Nazaret, que pudo nacer en un pesebre porque era un ser excepcional.

El Nacimiento de Jesús, reproducido por un artista no identificable

Sí, evidentemente, los seres humanos debemos dejar de autoconceptuarnos a como paquetes vivientes, especialmente tratándose de niños, adolescentes, adultos mayores y personas con capacidades diferentes o en situación de riesgo socioambiental.  Insisto que mi sobrino, ya tan próximo a ver la luz, será muy afortunado de nacer a 40 cuadras de su casa, rodeado de su familia y en una ciudad con transporte público de todos los colores.




lunes, 17 de octubre de 2011

El triunfo de la realidad

Durante la restauración peronista de 1973, Rodolfo Terragno describía "la vana pretensión de negar la realidad" pretérita o presente como un rasgo de inseguridad característico del poderoso. Poderoso que, en el caso argentino, había intentado, desde 1930, negar la innegable realidad del arraigo popular de los dos grandes partidos políticos argentinos del siglo XX (el radicalismo y el peronismo). Poderoso que condicionara duramente la supervivencia de ambos partidos, sin por ello lograr suprimirlos. Poderoso que, durante la Década Infame, obligase al radicalismo a efectuar odiosas concesiones al conservadurismo para plasmar la asunción presidencial de un Roberto Ortiz impedido por su mala salud de profundizar su campaña contra ese fraude electoral avalado por su vicepresidente y sucesor Ramón Castillo, cuya tendencia a negar la realidad le costase su derrocamiento. Poderoso que, durante los años de la mal llamada "Revolución Libertadora", que no revolucionó ni liberó nada, intentase fútilmente negar la innegable realidad del arraigo popular de su derrocado. Poderoso que, durante los años de la mal llamada "Revolución Argentina", que no revolucionó ni argentinizó nada, intentase negar la innegable realidad del sistema político, que Juan Carlos Onganía sugiriese inútilmente silenciar en su conjunto.  Poderoso que, durante los años del mal llamado "Proceso de Reorganización Nacional", que no reorganizó ni nacionalizó nada, intentase negar la innegable realidad de la complejidad de los problemas nacionales, que, posteriormente, intentaría negar dicho poderoso durante la neoliberal segunda Década Infame de 1989-2001.


Rodolfo Terragno y el carácter innegable de la realidad



Roberto Ortiz, cautivo de los vanos negadores de la realidad

 
Ramón Castillo, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía, Emilio Eduardo Massera, Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Fernando de la Rúa y Domingo Felipe Cavallo, vanos negadores de la realidad

El 17 de octubre de 1945, hace hoy 57 años, una Argentina multitudinaria y desposeída se pronunció masivamente contra los vanos negadores de la compleja realidad nacional, exigiendo la liberación del artífice del indeleble lema La única verdad es la realidad. La realidad no estaba evidentemente encarnada en los elegantes promotores de la transferencia a la Corte Suprema de ese poder político tomado por asalto el 4 de junio de 1943. Tampoco lo estaba en los militares antiperonistas liderados por el general Ávalos. Lo estaba en el coronel Perón y sus múltiples seguidores. Tal como lo está hoy en quienes pronto reelegirán a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tan implacable adversaria de la negación de la realidad como su difunto consorte y predecesor, cuyo primer aniversario de defunción marcará honrosamente la bien ganada reelección de la actual mandataria, mal que les pese a  los vanos negadores de la realidad, actualmente debilitados, pero aún tenaces y peligrosos.

17 de octubre de 1945. Triunfo de la realidad.

La fuerza de Cristina es la fuerza de una realidad actualmente innegable en una Argentina que ya no compra buzones

En este 17 de octubre, los argentinos, peronistas o no, debemos grabar a fuego una sagrada enseñanza histórica: basta de comprar buzones. Los buzones golpista y neoliberal nos costaron carísimos. Las ranuras de los buzones son para las cartas. Para los votos están las ranuras de las urnas. Y para las botas, no está de más recordarlo, están los cuarteles.

Terminantemente prohibido comprar
Señor, señora, señorita, deposite sus dólares en Uruguay, si quiere, pero eso sí, el voto me lo deposita aquí...
"Urna electoral" española. Prohibida su reproducción total o parcial en la Argentina.


¡Lindas botas, Granaderos! Pero eso sí, nada de usarlas en el Sillón de Rivadavia. Los últimos que lo hicieron le dejaron el tapizado a la miseria.

   





domingo, 16 de octubre de 2011

El desafío de la maternidad

En la novela Luz de agosto, escrita por el novelista estadounidense William Faulkner en 1932, Lena Grove, humilde mujer del Estado de Alabama, es expulsada de su casa por su hermano, quien la acusa de haber humillado a su familia biológica al concebir un hijo extramatrimonial. Lena recorre Alabama y Mississippi con un embarazo a cuestas y la esperanza, quizá ingenua, de localizar al  padre de su vástago y constituir un hogar con él. Lena alberga la esperanza de encontrar al progenitor de su hijo, en Yoknapatawpha, condado ficticio del noroeste de Mississippi, donde Lucas Burch, presunto padre de la criatura, trabajaría en un aserradero. Al llegar a Yoknapatawpha, es recibida por la señora Armstid, madre de cinco hijos, quien no conoce a Lena y desconfía tan lógicamente de ella como su marido, un rudo campesino que, cuando oye de su mujer que Lena confía en hallar al padre de su hijo en Yoknapatawpha, lanza un impiadoso comentario: "Y ella cree que va a encontrarle. ¡Esperándola, con la casa amueblada y todo!"  La señora Armstid piensa sobre Lena: "En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. (...) En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, fuman y reclaman el derecho de voto".

William Faulkner en 1954

La Argentina celebra hoy su Día de la Madre del año en curso. En la Argentina de 2011, la maternidad sigue siendo una cuestión tan conflictiva como en el complejo escenario social plasmado por Faulkner en su novela. Incluso para mujeres inmersas en una situación socioeconómica medianamente favorable, donde el problema no es la billetera, pero bien puede serlo el consumismo ostentoso, un divorcio, un segundo matrimonio no del todo aceptado por los hijos del primero, una hija anoréxica o bulímica o un hijo poco predispuesto a llevar a buen puerto sus estudios secundarios o que cumple veinte años de edad debiendo materias del secundario o sin haber podido elegir carrera universitaria ni decidirse a buscar su primer empleo. Vivimos en un mundo complejo y sin valores claramente definidos y consolidados. No es de extrañar que muchas mujeres actuales renuncien a tener hijos o, como mínimo, posterguen su maternidad mediante la ingesta de píldoras anticonceptivas o, en el peor caso, mediante onerosos abortos clandestinos, cuya despenalización empezaron a exigir comprensiblemente miles de mujeres argentinas mucho antes de estas semanas previas al anunciado debate parlamentario sobre el particular. Mi hermana está por dar a luz y me da un poco de miedo el mundo que deberá habitar mi sobrino. Temo para él, lamento decir, el futuro vivido en el año 2020 por la estrella infantil de la película Gigantes de acero, cuya principal fuente de afectos parece ser un robot reciclado. Y mi hermana no es la Lena de Faulkner,  ni las madres y embarazadas adolescentes incluidas entre mis alumnos de escuela secundaria estatal, ni la embarazada sin otro acompañamiento que las acompañantes de embarazadas que mi padre ayuda a formar en una localidad carenciada del partido bonaerense de Pilar. Está legalmente casada con el padre de mi sobrino, tiene buenos ingresos monetarios de carácter profesional y rentístico y goza del respaldo moral de sus familias biológica y política. Aún así, me da miedo el mundo que deberá habitar mi sobrino. En el cual todo sabe a desafío, incluso algo supuestamente dulce como la maternidad.

Dakota Goyo y su "amigo" de Gigantes de acero