jueves, 20 de octubre de 2011

Supervivencia Cívica Radical

En este año 2011, se cumplen 120 años del nacimiento de la Unión Cívica Radical (UCR). Ciento veinte años de supervivencia. Ya desde su surgimiento, el partido de Hipólito Yrigoyen acusó el sempiterno carácter supérstite destinado a la UCR. Esta última tiene sus raíces históricas en el autonomismo alsinista del decenio de 1870, al cual adhirieron el joven Yrigoyen y su tío Leandro Alem. En 1889 se dio el primer paso hacia el advenimiento de la UCR, al conformarse la Unión Cívica Nacional (UCN), encabezada por Bartolomé Mitre y responsable del desplazamiento del cuestionado presidente Miguel Ángel Juárez Celman, concuñado y sucesor presidencial del general Julio Argentino Roca. En 1891, en su calidad de líder del Partido Autonomista Nacional (PAN), Roca celebró con Mitre un acuerdo electoral con vistas a las elecciones presidenciales de 1892. El sector alemnista de la UCN rechazó el acuerdo y se alejó del mitrismo, constituyendo la UCR y promoviendo las infructuosas revoluciones de 1893 y 1905 contra los presidentes conservadores Luis Sáenz Peña y Manuel Quintana, tutelados por Roca, cuyo retorno al poder en 1898 se vio posibilitado por la renuncia de Sáenz Peña a favor de su vicepresidente roquista José Evaristo Uriburu, futuro consuegro del Conquistador del Desierto. Alem no sobrevivió al impacto emocional de las vicisitudes políticas y puso fin a su vida el 1º de julio de 1896. Por esas ironías del destino, su sobrino Yrigoyen, devenido en rival político de su tío, moriría el 3 de julio, aunque de 1933.

Leandro Alem, fundador y víctima de la UCR

En 1912, el presidente conservador Roque Sáenz Peña, hijo de Luis Sáenz Peña, pareció favorecer paradójicamente a la UCR al promulgar la célebre ley electoral conocida como Ley Sáenz Peña y destinada a regularizar unas prácticas electorales viciadas por el fraude sistemático y las irregularidades de los padrones. En 1916, 1922 y 1928, los dirigentes radicales Hipólito Yrigoyen y Marcelo Torcuato de Alvear se convirtieron en dos de los presidentes más limpiamente elegidos de la historia argentina, hecho signado por la escisión intrapartidaria del radicalismo en 1924.


Roque Sáenz Peña, ¿salvador de la UCR?

12 de octubre de 1916. Primera asunción presidencial de Hipólito Yrigoyen 

Marcelo Torcuato de Alvear

En la década de 1930, el advenimiento del golpismo obligó al radicalismo a autoconcebirse nuevamente como un supérstite, forzado por pactar con el conservadurismo los duros términos de su supervivencia política: fuertes retaceos a la participación electoral del radicalismo, reintroducción del fraude electoral. En 1937, los radicales antipersonalistas pudieron imponer a su candidato presidencial Roberto Ortiz, a condición de aceptar comicios fraudulentos y un compañero de fórmula conservador para el ex ministro de Alvear. Ortiz asumió la presidencia a principios de 1938. En 1940 quiso pronunciarse fuertemente contra el fraude electoral al decretar la intervención federal contra la provincia de Buenos Aires, dominada por el dirigente conservador Manuel Fresco y bastión del fraude electoral. Logró firmar el decreto, pero, al poco tiempo, su mala salud lo obligó a delegar la presidencia en su vicepresidente conservador Ramón Castillo, partidario del fraude electoral, derrocado por un golpe militar en 1943 y fallecido al año siguiente. Ortiz renunció a la presidencia en 1942, falleciendo ese mismo año, como Alvear.

Roberto Ortiz, auténtico supérstite radical

El advenimiento del peronismo representó un serio desafío para la supervivencia del radicalismo. En las elecciones presidenciales de 1946, Perón derrotó al radical antiyrigoyenista José P.Tamborini, ex ministro de Alvear, quien, para postularse, pudo contar con su correligionario Enrique Mosca como compañero de fórmula, pero debió aceptar la Unión Democrática (UD), fallida alianza entre radicales antiyrigoyenistas, socialistas, demoprogresistas, socialistas y comunistas. 

José P.Tamborini


Enrique Mosca
  
Acto de la UD (1945)

En las elecciones presidenciales de 1951, los radicales, supérstites del naufragio de la UD, fueron representados por el binomio Ricardo Balbín-Arturo Frondizi y nuevamente derrotados por la fórmula Perón-Quijano, cuya reelección autorizaba la reforma constitucional de 1949, parcialmente suprimida en 1957. En 1951, la mujer argentina votó por primera vez en una elección nacional. Pero, aunque Perón hubiera puesto preso un año a Balbín, la electora promedio estaba evidentemente con Perón, que decía haber ganado su primera elección con los hombres y la segunda con las mujeres y había vaticinado acertadamente que ganaría la tercera con los niños de 1951, futuros votantes del Perón de 1973. Evita dio el ejemplo, al estrenar la primera libreta cívica argentina con la emisión de su primer y único sufragio.

         
Balbín en prisión (1950)

Evita votando (1951)

La Revolución Libertadora obligó al radicalismo y al peronismo a pactar con el conservadurismo golpista los severos términos de su supervivencia política. En vísperas de las elecciones presidenciales de 1958, un radicalismo dividido acordó con un peronismo proscrito que los peronistas votarían por el radical intransigente Arturo Frondizi, rival intrapartidario del radical del pueblo Ricardo Balbín. No fue una jugada beneficiosa para el radicalismo, como tampoco lo fue la elección presidencial del radical del pueblo Arturo Illia, sucesor presidencial del radical intransigente José María Guido, convertido en presidente-títere por los golpistas de 1962. Tanto Frondizi como Illia terminaron derrocados por sendos golpes militares.  Frondizi se alejó del radicalismo, conformando el muy modesto Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).


29 de marzo de 1962. Frondizi, derrocado, a bordo del avión que lo lleva preso a Martín García


Guido saliendo de un Tedeum en 1962

Illia derrocado (28 de junio de 1966)

La Revolución Argentina pretendió ser aún más drástica con la actividad política. Juan Carlos Onganía, su primer presidente de facto, no pretendía silenciar a un determinado partido político, como José Félix Uriburu o Pedro Eugenio Aramburu. Pretendía silenciar toda actividad política, como intentaran hacerlo infructuosamente los golpistas de 1943. Y, por supuesto, no lo logró. Uno de sus rivales y sucesores de facto sería el general Alejandro Agustín Lanusse, quien odiaba al peronismo, pero sabía que a la política no se la puede suprimir tan fácilmente. En marzo de 1973, se celebraron elecciones sin proscripciones, en las cuales el radicalismo y el peronismo pudieron presentarse libremente y sin divisiones en su seno. Perón regresó de su exilio y pudo volver a la presidencia con el voto de los niños de 1951. Murió en julio de 1974, tras las dos derrotas infligidas electorales por el peronismo a Balbín el año anterior y tras la reconciliación entre Perón y Balbín.

Reconciliación Perón-Balbín (1973)

El Proceso de Reorganización Nacional pretendió ser tan drástico con la actividad política como la Revolución Argentina. Y, por supuesto, fracasó rotundamente. En el ínterin, falleció Balbín. El naufragio del Proceso permitió una espléndida demostración de la capacidad de supervivencia del radicalismo, en la figura de Raúl Alfonsín. Este último tenía mucha muñeca política, pero no parecía entender que no es lo mismo gobernar un país que presidir un comité. Entre 1985 y 1997, el radicalismo no ganó ninguna elección nacional. Y, cuando la ganó, lo logró a través de esa esperpéntica reedición de la UD encarnada en la Alianza. Tanto Alfonsín como su correligionario Fernando de la Rúa salieron de la Casa Rosada a los ponchazos.

Junio de 1989. Raúl Alfonsín hace pública su renuncia a la Presidencia de la Nación, impotente ante la alarmante situación socioeconómica imperante

Logo de la campaña electoral aliancista de 1999
  

20 de diciembre de 2001. Acosado por la violencia social imperante, el presidente Fernando de la Rúa se ve obligado a abordar el helicóptero presidencial en la terraza de la Casa Rosada, ante la inconveniencia de desplazarse en automóvil hasta el cercano helipuerto presidencial para volar a la Quinta de Olivos. Ese mismo día, el jaqueado mandatario anunciaría su dimisión, aceptada al día siguiente por el Congreso Nacional.

Diez años después de la caída del último presidente radical, Ricardo Alfonsín, hijo de Raúl, parece creer en la posibilidad de llegar al poder reeditando la UD y la Alianza, a través de su exótica alianza electoral con Francisco de Narváez, presunta "pata peronista" de la nueva coalición promovida por un líder radical. Lo cierto es que la historia del radicalismo es una historia de supervivencia. De una supervivencia política cada vez más difícil.


Ricardo Alfonsín con Francisco de Narváez (2011)   

martes, 18 de octubre de 2011

Paquetes humanos

Según ciertos medios periodísticos, los docentes de la localidad pampeana de General Pico decretaron un paro con movilización en repudio del ataque físico lanzado por una madre divorciada, sin custodia legal sobre sus vástagos, contra ciertos integrantes del personal de una escuela media local, que el hijo quinceañero de la agresora integra en calidad de alumno regular.

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Marcha contra la violencia escolar en General Pico (18/10/2011) 

No es esta la primera oportunidad en que me siento impelido, a pronunciarme,  en este joven espacio, sobre esas realidades, tan lamentablemente fehacientes. Lo hago desde mi propia experiencia, sin ánimo de tornarme narcisísticamente autorreferencial. Presencié situaciones similares durante mi azaroso bienio de labor docente en escuelas secundarias del gobierno bonaerense, habilitadas en el partido de Avellaneda, responsable del previsible desgaste psicoemocional que me impulsara a solicitar y obtener, muy a pesar mío, la primera licencia médica prolongada de mi breve historial docente.
La escuela pública argentina parece haber devenido en receptáculo de la podredumbre humana y depósito de niños y adolescentes sin capacidad de pago de escuela privada, como si, para un ítem tan esencial como el educativo, el más pobre fuera un paquete humano y el no tan pobre, un cliente potencial. Para muchos padres, los hijos parecen haber devenido en paquetes, las escuelas en depósitos y los docentes, en encargados de depósito. Como dijera Gabriel García Márquez al recorrer los países socialistas europeos de 1957, en todo ello parece haber una absoluta pérdida de la sensibilidad humana, como si la preocupación por la masa no permitiese ver al individuo. Y cuando digo individuo, no digo individualismo. Como me hiciera notar, hace ya muchos años, una muy querida ex docente mía del Profesorado, hoy fallecida, está bien no fomentar el individualismo; lo que no está bien es ignorar la individualidad del ser humano, cuyo reconocimiento no le impide vivir en comunidad.


Portada del libro De viaje por los países socialistas. 90 días tras la Cortina de Hierro, de Gabriel García Márquez

En la muy recomendable película argentina Derecho de familia, de 2005, de Daniel Burman, se dice, con esas u otras palabras, que, para una madre o padre, un hijo no puede ser un paquete que se lleve de acá para allá. Yo, actualmente hermano de una cuasi-madre, agrego que una madre o padre no debe concebir aberrantemente a su hijo como un paquete humano, sino como un ser humano requerido de afecto, atención y educación. El hijo mencionado en Derecho de familia es el niño de tres años concebido por el matrimonio ficticio exhibido en el film. Lo grave es que, en la actualidad, no sólo parecen recibir trato de paquete humano los niños de tres años, sino también los quinceañeros, a escasos tres años de su mayoría de edad.

 Eloy Burman y Daniel Hendler en Derecho de familia

Para ir redondeando, quisiera reproducir una anécdota referida por mi padre, cuyas actuales actividades médicas incluyen, como ya he dicho, la capacitación de mamis, mujeres con experiencia maternal, habitantes del partido bonaerense de Pilar y entrenadas como acompañantes de embarazadas en situación de alto riesgo socioambiental. Ayer, 17 de octubre, mis padres cumplían 45 años de casados y decidieron celebrar sus bodas de rubí con un paseo por el Delta. Al regresar al puerto de Tigre, mi padre  vio una embarazada, asistida por dos trabajadores sanitarios, arribados al puerto de Tigre en una ambulancia de la Municipalidad de San Fernando. La embarazada acababa de descender de una lancha de la Prefectura Naval, portando un prolijo bolso de parto y sin otro acompañante que el personal prefectorial. Sí, leyeron bien, sin otro acompañante. Esa mujer bien podría haber navegado dos horas en la lancha prefectorial, desde su isla del Delta, con riesgo de parir en el camino, sin nadie que la asistiese debidamente, excepto que estuviese destinada a una césarea programada. Los efectivos prefectoriales podrían haber sido las mamis de esa mujer isleña, sin el entrenamiento recibido por las acompañantes de embarazadas  del partido de Pilar.  




Se encuentra abierta la inscripción para marineros con título de obstetra. Enviar CV a PNA_destacamentotigre@......gov.ar

La mujer mencionada por mi padre parecía muy tranquila, pero Dios guarde a mi sobrino de nacer en tales condiciones. Mi sobrino no será Jesús de Nazaret, que pudo nacer en un pesebre porque era un ser excepcional.

El Nacimiento de Jesús, reproducido por un artista no identificable

Sí, evidentemente, los seres humanos debemos dejar de autoconceptuarnos a como paquetes vivientes, especialmente tratándose de niños, adolescentes, adultos mayores y personas con capacidades diferentes o en situación de riesgo socioambiental.  Insisto que mi sobrino, ya tan próximo a ver la luz, será muy afortunado de nacer a 40 cuadras de su casa, rodeado de su familia y en una ciudad con transporte público de todos los colores.




lunes, 17 de octubre de 2011

El triunfo de la realidad

Durante la restauración peronista de 1973, Rodolfo Terragno describía "la vana pretensión de negar la realidad" pretérita o presente como un rasgo de inseguridad característico del poderoso. Poderoso que, en el caso argentino, había intentado, desde 1930, negar la innegable realidad del arraigo popular de los dos grandes partidos políticos argentinos del siglo XX (el radicalismo y el peronismo). Poderoso que condicionara duramente la supervivencia de ambos partidos, sin por ello lograr suprimirlos. Poderoso que, durante la Década Infame, obligase al radicalismo a efectuar odiosas concesiones al conservadurismo para plasmar la asunción presidencial de un Roberto Ortiz impedido por su mala salud de profundizar su campaña contra ese fraude electoral avalado por su vicepresidente y sucesor Ramón Castillo, cuya tendencia a negar la realidad le costase su derrocamiento. Poderoso que, durante los años de la mal llamada "Revolución Libertadora", que no revolucionó ni liberó nada, intentase fútilmente negar la innegable realidad del arraigo popular de su derrocado. Poderoso que, durante los años de la mal llamada "Revolución Argentina", que no revolucionó ni argentinizó nada, intentase negar la innegable realidad del sistema político, que Juan Carlos Onganía sugiriese inútilmente silenciar en su conjunto.  Poderoso que, durante los años del mal llamado "Proceso de Reorganización Nacional", que no reorganizó ni nacionalizó nada, intentase negar la innegable realidad de la complejidad de los problemas nacionales, que, posteriormente, intentaría negar dicho poderoso durante la neoliberal segunda Década Infame de 1989-2001.


Rodolfo Terragno y el carácter innegable de la realidad



Roberto Ortiz, cautivo de los vanos negadores de la realidad

 
Ramón Castillo, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía, Emilio Eduardo Massera, Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Fernando de la Rúa y Domingo Felipe Cavallo, vanos negadores de la realidad

El 17 de octubre de 1945, hace hoy 57 años, una Argentina multitudinaria y desposeída se pronunció masivamente contra los vanos negadores de la compleja realidad nacional, exigiendo la liberación del artífice del indeleble lema La única verdad es la realidad. La realidad no estaba evidentemente encarnada en los elegantes promotores de la transferencia a la Corte Suprema de ese poder político tomado por asalto el 4 de junio de 1943. Tampoco lo estaba en los militares antiperonistas liderados por el general Ávalos. Lo estaba en el coronel Perón y sus múltiples seguidores. Tal como lo está hoy en quienes pronto reelegirán a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tan implacable adversaria de la negación de la realidad como su difunto consorte y predecesor, cuyo primer aniversario de defunción marcará honrosamente la bien ganada reelección de la actual mandataria, mal que les pese a  los vanos negadores de la realidad, actualmente debilitados, pero aún tenaces y peligrosos.

17 de octubre de 1945. Triunfo de la realidad.

La fuerza de Cristina es la fuerza de una realidad actualmente innegable en una Argentina que ya no compra buzones

En este 17 de octubre, los argentinos, peronistas o no, debemos grabar a fuego una sagrada enseñanza histórica: basta de comprar buzones. Los buzones golpista y neoliberal nos costaron carísimos. Las ranuras de los buzones son para las cartas. Para los votos están las ranuras de las urnas. Y para las botas, no está de más recordarlo, están los cuarteles.

Terminantemente prohibido comprar
Señor, señora, señorita, deposite sus dólares en Uruguay, si quiere, pero eso sí, el voto me lo deposita aquí...
"Urna electoral" española. Prohibida su reproducción total o parcial en la Argentina.


¡Lindas botas, Granaderos! Pero eso sí, nada de usarlas en el Sillón de Rivadavia. Los últimos que lo hicieron le dejaron el tapizado a la miseria.

   





domingo, 16 de octubre de 2011

El desafío de la maternidad

En la novela Luz de agosto, escrita por el novelista estadounidense William Faulkner en 1932, Lena Grove, humilde mujer del Estado de Alabama, es expulsada de su casa por su hermano, quien la acusa de haber humillado a su familia biológica al concebir un hijo extramatrimonial. Lena recorre Alabama y Mississippi con un embarazo a cuestas y la esperanza, quizá ingenua, de localizar al  padre de su vástago y constituir un hogar con él. Lena alberga la esperanza de encontrar al progenitor de su hijo, en Yoknapatawpha, condado ficticio del noroeste de Mississippi, donde Lucas Burch, presunto padre de la criatura, trabajaría en un aserradero. Al llegar a Yoknapatawpha, es recibida por la señora Armstid, madre de cinco hijos, quien no conoce a Lena y desconfía tan lógicamente de ella como su marido, un rudo campesino que, cuando oye de su mujer que Lena confía en hallar al padre de su hijo en Yoknapatawpha, lanza un impiadoso comentario: "Y ella cree que va a encontrarle. ¡Esperándola, con la casa amueblada y todo!"  La señora Armstid piensa sobre Lena: "En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. (...) En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, fuman y reclaman el derecho de voto".

William Faulkner en 1954

La Argentina celebra hoy su Día de la Madre del año en curso. En la Argentina de 2011, la maternidad sigue siendo una cuestión tan conflictiva como en el complejo escenario social plasmado por Faulkner en su novela. Incluso para mujeres inmersas en una situación socioeconómica medianamente favorable, donde el problema no es la billetera, pero bien puede serlo el consumismo ostentoso, un divorcio, un segundo matrimonio no del todo aceptado por los hijos del primero, una hija anoréxica o bulímica o un hijo poco predispuesto a llevar a buen puerto sus estudios secundarios o que cumple veinte años de edad debiendo materias del secundario o sin haber podido elegir carrera universitaria ni decidirse a buscar su primer empleo. Vivimos en un mundo complejo y sin valores claramente definidos y consolidados. No es de extrañar que muchas mujeres actuales renuncien a tener hijos o, como mínimo, posterguen su maternidad mediante la ingesta de píldoras anticonceptivas o, en el peor caso, mediante onerosos abortos clandestinos, cuya despenalización empezaron a exigir comprensiblemente miles de mujeres argentinas mucho antes de estas semanas previas al anunciado debate parlamentario sobre el particular. Mi hermana está por dar a luz y me da un poco de miedo el mundo que deberá habitar mi sobrino. Temo para él, lamento decir, el futuro vivido en el año 2020 por la estrella infantil de la película Gigantes de acero, cuya principal fuente de afectos parece ser un robot reciclado. Y mi hermana no es la Lena de Faulkner,  ni las madres y embarazadas adolescentes incluidas entre mis alumnos de escuela secundaria estatal, ni la embarazada sin otro acompañamiento que las acompañantes de embarazadas que mi padre ayuda a formar en una localidad carenciada del partido bonaerense de Pilar. Está legalmente casada con el padre de mi sobrino, tiene buenos ingresos monetarios de carácter profesional y rentístico y goza del respaldo moral de sus familias biológica y política. Aún así, me da miedo el mundo que deberá habitar mi sobrino. En el cual todo sabe a desafío, incluso algo supuestamente dulce como la maternidad.

Dakota Goyo y su "amigo" de Gigantes de acero

viernes, 14 de octubre de 2011

La crisis de Semana Santa de 1987

La crisis de Semana Santa de 1987. Un abordaje teórico (IES Nº 1-GCABA)[1]

La presente ponencia encuentra su fundamentación teórica en los conceptos desarrollados por el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas y su traductor y prologuista español Manuel Jiménez Redondo en Más allá del Estado nacional[2], libro de Habermas escrito desde la experiencia histórica de la reunificación territorial alemana, contemporánea de la restauración democrática argentina y tan relevante como el proceso democratizador argentino. Dicho proceso se vio jaqueado, durante la Semana Santa de 1987, por el primer pronunciamiento militar carapintada, que mantuvo en vilo, durante cuatro dramáticos días, a una sociedad argentina recién emergida de la etapa procesista, calamitoso colofón de la era golpista de 1930-1983, etapa en la cual la sociedad argentina había convalidado, activa o pasivamente, las interrupciones y cuestionamientos del orden constitucional a cargo de facciones cívico-militares. Al manifestarse contra el primer pronunciamiento militar carapintada, los argentinos demostraron el agotamiento de la opción golpista como resguardo a la gobernabilidad.

Jürgen Habermas

Respecto de su pasado golpista, la Argentina alfonsinista experimentaba una tensión similar a la experimentada por la desaparecida Alemania socialista respecto de un pasado estalinista proclive a relativizar y eludir el pasado nazi. Como la Alemania del siglo XVI, conmovida por el pronunciamiento luterano, la Argentina alfonsinista asistía a la brusca destitución de unas instituciones legitimadoras tradicionales. La Argentina alfonsinista asistía a la crisis terminal del golpismo, fruto de la descomposición del poder militar iniciada en 1981 con la crisis de la propuesta procesista, que alejaba al argentino de la era alfonsinista de la situación de un individuo premoderno obligado a una justificación sacra de su lugar en el mundo. La multitudinaria reacción anticarapintada de Semana Santa fue principalmente protagonizada por una versión argentina de ese individuo moderno definido por Jiménez Redondo como un sujeto propenso a reclamar el derecho a decidir sobre su existencia sin más limitación que el reconocimiento del mismo derecho a los demás.


Adolf Hitler saludando seguidores en 1933





[1] Ponencia presentada en las Jornadas de Historia “La construcción histórica como problema” (IES Nº 1-GCABA-Octubre de 2011)
[2] Cf.HABERMAS, Jürgen, Más allá del Estado nacional, Ciudad de México, F.C.E., 2006
 




Erección del Muro de Berlín (c.1960)



Martín Lutero

La multitudinaria Argentina anticarapintada de Semana Santa  afrontaba las dificultades de una reinterpretación histórica caracterizada por una devolución a problemas del pasado proclive a postular un futuro agresor, desarticular el presente y promover neuróticas reacciones defensivas y una despavorida huida hacia el pasado. En la Argentina alfonsinista, la crisis terminal de las instancias legitimadoras tradicionales incitaba a dejar de medir el logro o malogro de la propia vida por contenidos presuntamente superiores o ejemplares y empezar a medirlo con el rasero de la autenticidad.
Al tratar de generar consenso, el alfonsinismo afrontó las dificultades conllevadas por la construcción de una sociedad y cosmovisión pluralistas enraizables en una sociedad con buenas experiencias democráticas, acostumbrada a la libertad política y apenas existente en la Argentina alfonsinista.


Hipólito Yrigoyen

Ramón Castillo

Juan Domingo Perón

Arturo Frondizi

Arturo Illia

María Estela Martínez de Perón

Hipólito Yrigoyen, Ramón Castillo, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Arturo Illia y María Estela Martínez de Perón fueron los presidentes constitucionales argentinos derrocados por golpes cívico-militares entre 1930 y 1976


José Félix Uriburu

Arturo Rawson

Pedro Pablo Ramírez

Edelmiro J.Farrell

Eduardo Lonardi

Pedro Eugenio Aramburu

Juan Carlos Onganía

Roberto Marcelo Levingston

Alejandro Agustín Lanusse

Jorge Rafael Videla

Roberto Viola

Leopoldo Fortunato Galtieri

Reynaldo Benito Bignone

José Félix Uriburu, Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez, Edelmiro J.Farrell, Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía, Roberto Marcelo Levingston, Alejandro Agustín Lanusse, Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri y Reynaldo Benito Bignone fueron los presidentes de facto argentinos ungidos por el bando golpista entre 1930 y 1982








José María Guido constituye un caso curioso en la historia del golpismo argentino. Asumió la presidencia de la Nación tras el desplazamiento del presidente radical intransigente Arturo Frondizi por los militares golpistas, consumado el 29 de marzo de 1962. Su status no castrense disminuye, empero, la posibilidad de incluirlo entre los presidentes argentinos de facto, máxime considerando la renuncia del vicepresidente Alejandro Gómez en 1958, que había situado a Guido, correligionario político-partidario de Frondizi y presidente provisional del Senado de la Nación, en el primer puesto de la línea de sucesión presidencial, correspondiéndole, por ende, asumir la primera magistratura federal si Frondizi se ausentaba definitivamente de su alto cargo. A Guido cabe más considerársele un verdadero presidente-títere, cautivo de unos militares golpistas que condicionaron severamente la gestión gubernativa de Guido y la elección de su sucesor presidencial, el radical antifrondicista Arturo Illia, asumido el 12 de octubre de 1963 y destinado, como Frondizi, a ser derrocado por los militares golpistas

Raúl Alfonsín vota en las elecciones generales del 30 de octubre de 1983, que le llevaron a la presidencia de la Nación tras la catastrófica experiencia procesista

  
10 de diciembre de 1983. Raúl Alfonsín asume la presidencia de la Nación


Al asumir el presidente Raúl Alfonsín, sólo vivían dos de los seis presidentes constitucionales argentinos derrocados durante el siglo XX: María Estela Martínez de Perón y Arturo Frondizi. Esta foto los muestra reunidos con Alfonsín en mayo de 1984. Frondizi y Alfonsín fallecieron respectivamente el 18 de abril de 1995 y el 31 de marzo de 2009. María Estela Martínez de Perón, nacida en 1931 y conocida popularmente como Isabel[3], reside actualmente en Madrid, donde viviese con su marido Juan Domingo Perón entre 1960 y 1973. El 12 de octubre de 1973, Perón e Isabel asumieron constitucionalmente la presidencia y vicepresidencia de la Nación. Perón falleció el 1º de julio de 1974. Isabel asumió inmediatamente la presidencia, cargo que ocupó hasta su derrocamiento, consumado el 24 de marzo de 1976.


Monseñor Justo Laguna junto al féretro de Raúl Alfonsín, que, siendo presidente, había contrariado previsiblemente a ciertos sectores católicos al promulgar una ley de divorcio vincular infructuosamente promovida durante la segunda presidencia de Perón y plenamente vigente hasta la fecha. En 1987, año de la promulgación de dicha ley, Laguna, obispo de Morón desde 1980, había expresado: "El divorcio es un mal, pero es un mal para los católicos, y no podemos imponer en una sociedad plural una ley que toca a los católicos. Son los católicos los que tienen que cumplirla y no el resto". Laguna había visitado al ex mandatario en su casa el día de su fallecimiento. 





El bonaerense Ricardo Alfonsín, hijo del difunto ex presidente Raúl Alfonsín, ha heredado la vocación política de su padre, aunque ingresó tardíamente en la arena política argentina. Fue diputado provincial entre 1999 y 2003. En 2004, la trágica muerte de su hija  Amparo lo instó a alejarse temporariamente de la actividad política. En 2007 aspiró infructuosamente a la gobernación bonaerense. En 2009 fue electo diputado nacional. Obtuvo un módico tercer puesto como candidato presidencial en las elecciones generales del 23 de octubre de 2011, una semana antes del 28º aniversario de la elección presidencial de su progenitor.

La Argentina alfonsinista, devastada por la catástrofe procesista, albergaba su propia versión de esas incertidumbres alemanas atribuidas por Habermas a la recién reunificada Alemania del penúltimo lustro del siglo XX, incitando a los argentinos a preguntarse hasta cuándo debían permitir que el convidado de piedra de su pasado ejerciera su derecho de veto sobre el pasado y presente en lo tocante a patriotismo y virtud ciudadana. En la Argentina golpista, dicho convidado de piedra había sido la corporación militar, que había intentado imponer una visión histórica comprensiblemente rechazada por la Argentina anticarapintada de Semana Santa, que parecía recordar que sólo puede aprenderse de esa historia reiterativa ejemplificada en el caso argentino por un golpismo aparentemente renuente a desaparecer. Al cuestionar multitudinariamente el primer planteo militar carapintada, los argentinos parecían hacerse eco de la interpretación histórica marxista sintetizada por Habermas, quien atribuye a Karl Marx la postulación de generaciones futuras proclives a autoconcebirse como futuros sujetos históricos tendientes a sobreextender los límites de la factibilidad de la historia al entremezclar las conciencias histórica y utópica



[3] Sobrenombre adoptado por Isabel en su adolescencia, tomado del nombre de su madrina espiritista y utilizado como nombre artístico. Perón e Isabel tuvieron su primer encuentro en Panamá en diciembre de 1955. Perón vivía en el exilio desde su derrocamiento, consumado en septiembre del mismo año.  Isabel, bailarina profesional en su juventud,  se hallaba de gira artística en Panamá y abandonó su actividad artística para sumarse al entorno del ex presidente. Isabel tenía 36 años menos que Perón, cuyo azaroso exilio compartió voluntariamente en Panamá, Venezuela, la República Dominicana y España. Desposó a Perón en Madrid en 1960. Entre 1965 y 1972, Isabel efectuó algunos viajes a la Argentina como representante política de su esposo. En noviembre de 1972, Perón e Isabel se radicaron temporariamente en la Argentina, donde fijaron su domicilio permanente en junio de 1973.    




Karl Marx

Los argentinos, al objetar masivamente el primer planteo militar carapintada, parecían renunciar a la vieja representación de la historia como maestra de vida y las múltiples historias particulares en aras de un proceso histórico integrador, aunque también pareciese convenirles recordar que, como maestra de vida, la historia vale siempre que promueva revisiones en vez de imitaciones y que la historia sólo merece ser conocida cuando proporciona criterios y valores. La Argentina anticarapintada parecía recordar que la Humanidad aprende normalmente de experiencias negativas, de desengaños que intenta evitar en el futuro (como el argentino de 1983 y 2001 al percibir la ingenuidad de su fe en el golpismo y el neoliberalismo). La Argentina anticarapintada parecía percibir que el aprendizaje histórico no implica postular los mudos efectos de una tradición conformadora de mentalidades, sino procesos de aprendizaje harto dolorosos y con muy relevantes consecuencias. La Argentina anticarapintada parecía preguntarse si se puede aprender de aquellos acaecimientos que reflejan la impotencia de ciertas tradiciones ante ciertos problemas históricos ineludibles.


Teniente coronel Aldo Rico, líder de los dos primeros planteos militares carapintadas, lanzados en abril de 1987 y enero de 1988


Como Rico, el coronel Mohammed Alí Seineldín era un ex combatiente de la guerra de Malvinas, durante la cual le fue tomada esta foto. Seineldín, fallecido en 2009, fue el principal promotor de los fallidos planteos militares carapintadas de diciembre de 1988 y diciembre de 1990.


En enero de 1989, Enrique Gorriarán Merlo, dirigente guerrillero del decenio de 1970, fallecido en 2006, lideró el frustrado y sangriento copamiento lanzado por un minoritario grupo izquierdista autodenominado Movimiento Todos por la Patria (MTP) contra un regimiento militar asentado en la localidad bonaerense de La Tablada. El MTP intentó justificar su accionar arguyendo la necesidad de abortar una intentona golpista carapintada





El gobernador peronista riojano Carlos Saúl Menem sucedió al radical Raúl Alfonsín en la presidencia de la Nación en 1989, siendo reelecto presidente en 1995 y dejando la presidencia al concluir su segundo mandato en 1999. Durante su primer mandato se consumó la derrota final carapintada e impulsaron importantes reformas estructurales, aunque también se profundizó la tendencia socioeconómica neoliberal procesista, mantenida durante la segunda presidencia menemista en desmedro de amplias capas poblacionales paradójicamente proclives a avalar electoralmente un neoliberalismo socioeconómico también preconizado durante el azaroso bienio presidencial del radical Fernando de la Rúa, sucesor de Menem. A fines de 2001, una sociedad hastiada de los abusos neoliberales expulsó a De la Rúa del poder en un violento estallido popular, dando inicio a la sucesión de gobiernos impulsores de políticas socioeconómicas alternativas favorables al argentino promedio y encabezados por los presidentes peronistas Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, cuya gestión gubernativa permitiría al peronismo superar el descrédito social provocado al peronismo por su profundización de las políticas socioeconómicas procesistas.

Carlos Saúl Menem

Fernando de la Rúa




Presidente por un día. Del 21 al 22 de diciembre de 2001, el peronista misionero Ramón Puerta, presidente provisional del Senado Nacional, ejerció la presidencia de la República, a raíz de la renuncia de De la Rúa
El presidente que no fue. El gobernador puntano peronista Adolfo Rodríguez Saá asumió la presidencia de la República por mandato legislativo el 22 de diciembre de 2001. Renunció ocho días después, debido al recrudecimiento de la violencia social y a la falta de apoyo a su presidencia acusada por ocho de los quince gobernadores provinciales peronistas existentes al dimitir De la Rúa. Adolfo Rodríguez Saá y su hermano Alberto han sido los dos principales dirigentes políticos puntanos post-golpistas. Alberto Rodríguez Saá, actual gobernador puntano,  es uno de los candidatos presidenciales de 2011


Alberto Rodríguez Saá

Ante la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá, el peronista Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, asumió interinamente la presidencia de la República el 31 de diciembre de 2001, siendo reemplazado al día siguiente por Eduardo Duhalde. Esta foto muestra a Camaño asumiendo la presidencia ante el Escribano General de la Presidencia de la Nación

El 1º de enero de 2002, el peronista bonaerense Eduardo Duhalde, rival político intrapartidario de Menem, asumió la presidencia de la Nación por mandato legislativo, en medio de una tempestad socioeconómica y político-institucional sin precedentes en toda la historia argentina. En 1999, Duhalde había intentado infructuosamente asumir electoralmente la primera magistratura federal argentina, siendo el segundo candidato presidencial más votado en los últimos comicios argentinos del siglo XX.  Durante su interinato presidencial, extendido hasta la asunción de su sucesor presidencial Néstor Kirchner, formalizada el 25 de mayo de 2003, Duhalde condujo la fase inicial de la dificultosa transición hacia el orden socioeconómico post-neoliberal mantenido hasta la fecha con amplio margen de beneficios para la sociedad y economía argentinas. Como presidente en un momento histórico excepcionalmente complejo, Duhalde demostró un destacable manejo del timing político-gubernativo, posteriormente opacado, tras su presidencia, por una evitable derechización de su pensamiento político-ideológico



Las elecciones  presidenciales de mayo de 2003 llevaron a la presidencia de la Nación  al gobernador santacruceño peronista Néstor Kirchner, protegido político de Duhalde, cuya beneficiosa política socioeconómica post-neoliberal profundizó ampliamente. Posteriormente, Kirchner y Duhalde se distanciarían políticamente.





El 10 de diciembre de 2007, Néstor Kirchner transmitió la presidencia de la Nación a su esposa, la senadora nacional peronista bonaerense Cristina Fernández de Kirchner, elegida presidenta el 28 de octubre de 2007 y reelecta por  amplio margen de votos el 23 de octubre de 2011. Néstor Kirchner falleció el 27 de octubre de 2010, diluyendo el matiz nepotista imputable a su sucesión presidencial y ostensiblemente relativizado por la destacable calidad de la gestión gubernativa kirchnerista-cristinista. Esta imagen fue captada durante el sepelio de Néstor Kirchner en la Casa Rosada. El ex mandatario sólo tenía 60 años de edad al fallecer. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha mantenido exitosamente el paradigma socioeconómico post-neoliberal duhaldista-kirchnerista.


10 de diciembre de 2007. Cristina Fernández de Kirchner asume su primera presidencia en el Congreso Nacional.

23 de octubre de 2011. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner celebrando su reelección en Plaza de Mayo


La Argentina anticarapintada parecía repudiar, de manera categórica y autocrítica, la fascinación ejercida sobre el argentino de épocas anteriores por la opción golpista y similar a la ejercida sobre el pueblo alemán por el irracionalismo de la Primera Guerra Mundial y del periodo nazi, que impulsase a muchos argentinos a desdeñar peligrosamente unos principios democráticos posteriormente revalorizados a la luz de la traumática experiencia procesista. Esa fundamental reinterpretación histórica alentaba seguramente a la Argentina anticarapintada a recordar que la negativa a aprender de la Historia es lo único que demuestra quien se limita a hurgar en tradiciones fracasadas ante la instancia crítica de la Historia.



Soldados alemanes de la Primera Guerra Mundial


Adolf Hitler asiste a un masivo acto político nazi en 1934


La crisis de Semana Santa parecía recordar las duras exigencias de la consigna autoreflexiva característica del Aufarbeitung postulado por Theodor Adorno y mencionado por su ex ayudante de cátedra Jürgen Habermas.  La esencia del germanismo Aufarbeitung, alusivo al hecho de afrontar el pasado para aclararlo, radica en el modo de volver presente ese pasado, que puede consistir en quedarse en el simple reproche o acusación o en tratar de comprender lo incomprensible para afrontar el espanto. El ambivalente Aufarbeitung insiste en una inmisericorde reflexión sobre un pasado humillante que nos confronta con un “nosotros mismos” muy distinto de aquel que creíamos y quisiéramos ser. Al mismo tiempo, promueve una reflexión que sólo puede tener efectos curativos de no convertirse en un arma disparada contra nosotros mismos, sino en una autoreflexión. La Argentina anticarapintada parecía entender que la aclaración profunda “del propio pasado”, promovida por Adorno, no implica confiar inocentemente “en la dinámica de la toma de conciencia”, sino admitir que la autoreflexión es insustituible en lo tocante al autoentendimiento.

Theodor Adorno

La Argentina anticarapintada parecía entender que el pueblo argentino sólo lograría una autointerpretación coherente y veraz apropiándose críticamente de su propia biografía y asumiéndola responsablemente, con la consiguiente necesidad de una crítica de los autoengaños responsables del autoocultamiento de deseos y formas de comportamiento moralmente escandalosas. La Argentina anticarapintada parecía recordar que los problemas relativos a la autocomprensión ética no sólo pueden plantearse desde la primera persona del singular, sino también desde la primera persona del plural, sobre todo en el marco de una comunidad hipotecada por un pasado políticamente criminal. La crisis de Semana Santa, interpretada a la luz de la traumática experiencia procesista y del enjuiciamiento de sus principales responsables, parecía recordar al pueblo argentino la necesidad de distinguir la culpa moral o jurídica (imputable a personas particulares) de la obligación ciudadana de responder a las vulneraciones de la dignidad humana practicadas o legalizadas en el seno de su comunidad política. La crisis de Semana Santa parecía recordar al pueblo argentino la existencia de una conciencia moral posconvencional exigible al ciudadano particular por el Estado democrático en aras del autoexamen y de una apelación racional al derecho penal, limitando los reproches morales individuales al establecimiento de relaciones políticamente justas en el marco de la complejísima transición democrática afrontada por la Argentina alfonsinista. La Argentina anticarapintada parecía recordar la existencia de las exigencias no juridificables de justicia política y contribuciones al autoentendimiento a largo plazo, que sólo pueden validarse mediante la formación de opinión y voluntad políticas, no pudiendo revestírselas de autoridad estatal ni validárselas institucionalmente, por ser parte de la opinión pública política y no del aparato político articulado jurídicamente. Devastada por la experiencia procesista, la Argentina anticarapintada parecía recordar que el debate público debe limitarse a un contexto sociohistórico responsable de una destrucción de criterios morales de comportamiento no exenta de relevancia política  y al reconocimiento debido a las víctimas. Esa Argentina arrasada parecía recordar que los discursos de autoentendimiento deben promover principalmente cambios de mentalidad definibles como focos de enfrentamiento social con un pasado políticamente hipotecado y promotor de una frustrante normalidad.
La Argentina anticarapintada parecía percibir las dificultades conllevadas por la búsqueda de un equilibrio apropiado entre la incitación a la rebelión y el atemperamiento de los ánimos, manifestadas en la Argentina alfonsinista por la presencia de componentes militares contrariados por los procesos judiciales contra elementos procesistas y signados por un interés en atemperar los ánimos y desinflar el proceso. Interés perceptible en unos carapintadas caracterizados por una insignificancia numérica compensada por la peligrosa libertad de acción gozada por unos adversarios del enfrentamiento con el pasado proclives a concebir el torbellino de problematizaciones derivable de dicho enfrentamiento como un peligro para la paz y estabilidad internas. Adversarios definibles como desinfladores pragmáticos propensos a preconizar una muy restrictiva persecución penal y consiguientemente tendientes a olvidar la imposibilidad de materializar una “historia de éxitos” sin un profundo cambio de actitudes normativas y un acostumbramiento a una cultura de la disputa y contradicción. Como endebles herederos de un golpismo harto desacreditado y mal acostumbrado a la complicidad de una sociedad civil posteriormente pronunciada en su contra, los carapintadas parecían negar todo mérito a los gritos contra una ley y orden corrompidos proferidos por los incontables objetores del planteo militar, signados por una vulnerada subjetividad de víctimas aliada al resentimiento o rencor de viejos luchadores como Raúl Alfonsín o Antonio Cafiero. Alianza materializable desde un rigor crítico que instrumenta un cambio autocrítico de conciencia y un enfrentamiento con un pasado diferenciado de la justicia política y desata el potencial de herirse mutuamente conllevado por los debates de autoentendimiento. Los límites de dichos debates relativizan la tribunalización y personalización de la política, pues dichos debates no pueden ser definidos por la lógica de la imputación de culpas personales o valoración de biografías individuales, sino desde la perspectiva de un “nosotros común”, porque las asimetrías existentes inducen una falsa afirmación de diferencias. Falsa afirmación que soslaya la necesidad de evitar una apelación a falsas comunidades atentatoria contra los discursos de autoentendimiento y establecer una conexión retroalimentativa del cambio de mentalidad con la capacidad de tomar decisiones políticas autoatribuibles a fin de evitar la ausencia de controles de éxito referentes al autoentendimiento colectivo.


Antonio Cafiero pronunciando un discurso en 1988. Durante la crisis de Semana Santa, el veterano dirigente peronista desempeñó un destacado rol en su calidad de líder de la “renovación peronista”, que permitió al peronismo superar el descrédito social provocado al peronismo por su contribución al advenimiento de la dictadura procesista, consistente en una desmesurada exacerbación de la violencia política y en un mal manejo de los asuntos gubernativos durante el primer lustro del decenio de 1970




Este dibujo de Gustavo Salas capta el instante culminante de la crisis de Semana Santa, en el cual el presidente Raúl Alfonsín anuncia la rendición carapintada desde los balcones de la Casa Rosada


La Argentina anticarapintada parecía denunciar la extrema endeblez de la ocultación y represión de convicciones y formas de comportamiento retrospectivamente devaluadas, que ni siquiera contribuye a estabilizar autoimágenes, pues las verdades a medias son muy difíciles de controlar y pueden rasgar o destruir el velo de una autocomprensión ilusoria o mal construida.