jueves, 22 de septiembre de 2011

McDonald's y McMierda

En su película El dormilón, Woody Allen satiriza las películas e ideales futuristas al encarnar a Miles Monroe, comerciante en "comida sana" congelado por error tras una operación de amígdalas practicada en 1973 y despertado 200 años después por rebeldes necesitados de una persona sin identidad para  derrocar a un cruel dictador del futuro. Inicialmente Monroe se resiste e intenta escapar, haciéndose pasar por un torpe mayordomo robotizado. El encuentro con Luna, mujer del futuro encarnada por Diane Keaton, y una serie de desventuras y persecuciones desembocan en su captura y asimilación dentro del sistema que los rebeldes pretendían destruir. Recapturado y reeducado por los rebeldes, Monroe acepta participar en la conspiración, haciéndose pasar por el cirujano que intentará reconstituir el cuerpo del dictador, reducido a su nariz por un feroz atentado. Monroe logra destruir la nariz del dictador y frustrar toda tentativa científica de recrear al abusivo gobernante del futuro.

Woody Allen interpreta a un falso y torpe mayordomo robotizado del futuro en su película El dormilón, de 1973

Al despertar de su sueño bicentenario, Monroe descubre que el mundo del siglo XXII no sólo sigue sufriendo los abusos de sus gobernantes, sino también de los comerciantes en agroquímicos y comida chatarra. En el mundo del año 2173 aún existe McDonald's, al menos según el Allen de El dormilón, pero también siguen existiendo los anti-McDonald's, por así llamar a los opositores al abusivo gobernante del futuro imaginado por Allen.


El Allen de El dormilón atrapado por una superhortaliza del futuro

 El Allen de El dormilón ante un McDonald's del año 2173

Ayer, 21 de septiembre de 2011, mientras los estudiantes celebraban su día en las calles porteñas y  la presidenta Cristina Fernández de Kirchner reclamaba por nuestros derechos malvínicos ante la ONU, unas catorce personas, entre ellas niños y embarazadas, resultaron heridas al desplomarse sobre sus cuerpos el cielorraso de un McDonald's del barrio porteño de Once. No es la primera vez que McDonald's se ve inmerso en situaciones de esa índole desde su llegada a la Argentina en 1988. Hace no muchos años, niños de corta edad fueron hospitalizados en grave estado tras haber ingerido hamburguesas en sucursales argentinas de la célebre multinacional estadounidense de comida rápida, que empezaron a anteponer vistosas cafeterías a sus cuestionables hamburgueserías para poder seguir operando en la patria de unos choripanes susceptibles de hacer sombra a las hamburguesas, aunque la bromatología de los choripanes de Costanera Sur no pinte mucho más confiable.


Cristina en la ONU (Nueva York, 21/09/2011)


McCafé, tapadera de crímenes de lesa argentinidad
Derrumbe de cielorraso en un McDonald's del barrio porteño de Once, producido el 21 de septiembre de 2011

Choripanería de Costanera Sur

Ciertas publicidades exaltan las supuestas virtudes de los productos de McDonald's:


Cajita... ¿feliz?

(¿) Estoy amándolo (?)

¿Comprometidos? ¿En envenenarme, quizás?


Mapa mundial de la infamia, por decirlo borgeanamente. Imagínense a María Kodama y Jorge Luis Borges en un McDonald's. ¿Habrán conocido a alguno en sus viajes? Cuando Borges murió no había McDonald's en la Argentina, que, al menos en lo referente a esa cuestión, vivía tiempos más felices. Ello no impidió que Kodama y Borges disfrutasen de un paseo en globo en los Estados Unidos de 1983, que, para su desgracia, llevaban décadas albergando múltiples McDonald's







María Kodama y Jorge Luis Borges pasean en un globo estadounidense en 1983

Pero, por suerte, en el mundo actual también hay joyitas como estas:












Seamos optimistas: tanto en el mundo actual como el mundo del siglo XXII imaginado por Allen, siempre habrá quien grite "¡McDonald's!" y quien grite "¡McMierda!" Y así como hoy podemos serrucharle el piso a un Kadafi, dentro de dos siglos podríamos hacer algo similar con los mandamases del futuro. "La esperanza nunca es vana", dijo Borges. Perdón, don Jorge Luis, si lo sacamos de la naftalina a cada rato. Es que Ud.era mandado a hacer para ciertas cosas.

1 comentario:

  1. Pero hasta cuando lograremos tener una conciencia colectiva como para dejar de acudir a esos antros de vicio y perdición...!?

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